“Pedos de Burra
Vieja.”
“Y vió la mujer qué el árbol era bueno para comer, y
que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y
tomó de su fruto, y comió; y dió también a su marido, el cuál comió así como
ella.
Entonces fueron abiertos los ojos de ambos; y
conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.” Génesis 3:6-7.
Los dichos
populares, tan certeros. Bien podrían haberse usado otra palabras menos
“ofensiva,” o más “religiosas,” como gases o flatulencias, pero perdería su
sabor, su esencia. No sería lo mismo. Y lo dejaré por el momento así,
respetando su idiosincrasia, su coloquialidad.
En éstas fechas de finales de octubre, circula en la red una
frase, de la cual quiero partir, e intentar llevar a buen puerto.
“A Tí, que te
quejas, criticas y juzgas a los que se visten de Hallowen, no te avergüenza
vestirte cada domingo de cristiano.”
De “Tristiano, debería ser más correctamente usado. ¿Y el resto de la semana?
En Génesis 2:25
dice: “Y estaban ambos
desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.”
De inmediato me surgen muchas preguntas:
Sí tanto Adán como Eva no tenían un punto de referencia
diferente, ¿Cómo es que surge el que se dan cuenta de su desnudez?
Hasta ese momento, todo
el tiempo de sus vidas, lo habían estado (desnudos) y no había significado un
problema. ¿Por qué, de repente, ahora lo era?
¿Que tomaron como punto de referencia, repito, porque sólo se
encontraban ellos solos en ese lugar llamado paraíso? ¿Qué les hizo reconsiderar su situación? ¿Cómo fué que arribaron a tal conclusión, sin
haber un marco antecedente, de alusión a ello?
Interesante, ¿No?
Pero más intrigante aún es lo siguiente:
“Y Jehová Dios hizo
al hombre y a su mujer túnicas
de pieles, y los vistió.” Génesis 3:21.
Inmediatamente después de darse cuenta; de que sus ojos
fueron abiertos, por razón de haber comido del fruto del árbol del conocimiento
del bien y del mal, su primer intento fué cubrirse. ¿Cómo lo hicieron? Hojas de higuera, fueron la tapadera de sus
“cositas.” De “su con qué y su por
dónde.”
Pero aún más
maquiavélico, embrollante, maquinativo, es un asunto de Génesis 1:29-30:
“Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo
árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.
Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo o que
se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fué así.”
Queda claro que tanto para el hombre como para los animales
que son mencionados, toda planta verde les serían para comer. Queda claro, que
dentro de la dieta, no se incluía carne. No hasta ese momento.
Hasta aquí encuentro una especie de contradicción, de falta
de concordancia. Un contraste muy marcado. Una antinomia, una antítesis.
¿Dónde?
¿Qué no estaban ya lo suficientemente vestidos y cubiertos?
¿Qué había de equivocado, erróneo o desagradable en ello?
¿Es acaso Dios, una especie de “policia anti-moda,” un
“fashionista.”? ¿Por qué darle tanta importancia a un detalle, al parecer, “tan
insignificante., tan intrascendente, tan baladí”? O quizás no lo era, desde Su muy particular
punto de vista.
¿En qué consistía el error? ¿Cuál fué su falta? ¿Acaso mal
gusto, mala combinación de accesorios? ¿La textura del pene no era la adecuada,
o muy contrastante con la textura de la higuera ? ¿O quizás, la vagina debería
ser colocada horizontalmente, en lugar de su verticalidad, para resaltar el pret
a porter, o el derriere? ¿Era
cuestión de In y Out?
¿O tendría implicaciones más profundas, más insondables?
Ciertamente Dios quiere poner una relevancia en algo que nos
parece a simple vista, tan simplón, tan “sin embargo.”
Porque de otra manera no encuentro explicación lógica al
asunto.
Voy por la primera.
Mateo 22:11-14 puede
ayudarnos a abrir el entendimiento:
“Y entró el rey para ver a los convidados, y vió allí
a un hombre que no estaba vestido
de boda.
Y le dijo:
Amigo, ¿Cómo entraste aquí sin
estar vestido de boda? Más él, enmudeció.
Entonces el rey
dijo a los que servían: Atádle de pies y
manos, y echádle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de
dientes.
Porque muchos son llamados y pocos escogidos.”
¡Impactante!
¡Desconcertante! ¡Abracadabrante! (Disculparán los “religiosos.”)
¿Qué lo descalificó? ¿En qué consistió su falla? ¿Cuál fué el error cometido?
¿Mala elección de colores?
¿Rayas con cuadros? ¿Fuera de
temporada?
¿Simplón el asunto? Por una boberia. ¿Una memez?
¿Un asunto de vestido fué tan significativo para ese rey?
Impúdico, ¿”Con todo al aire”? ¿Obsceno? ¿Desenfrenado?
¿Por qué desata una reacción tan fuerte en el rey? ¿Por qué tanta fruición, tanta
hipersensibilidad?
Y sólo por el vestido inadecuado. ¿”Shorts” con tenis? ¿“Jeans” con huaraches?
¿En qué radica la alergia tan fuerte del rey hacia el
vestido?
Algo debe haber más en lo profundo, intentemos bucear.
Tomemos en cuenta lo que dice el escritor de la carta a los
Hebreos en el capítulo 9, versículo 22:
“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre;
y sin derramamiento de
sangre no se hace
remisión.”
Hasta ese momento la ley no existía.
Remisión=Perdón.
Si permitimos que el Espíritu Santo hile y desmadeje; al
momento no vemos todavía la puntada, ni qué está intentando conseguir.
Aparentemente.
Una puntada más.
“Conoció Adán a su mujer Eva, la cuál concibió y dió a
luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón.
Después dió a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín labrador de la tierra.
Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová.
Y Abel también de los primogénitos de sus ovejas,
de lo más gordo de
ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran
manera, y decayó su semblante.
Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado,
y por qué ha decaído tu semblante?
Si bien hicieres, ¿No serás enaltecido?
Y si
no hicieres bien, el pecado
está a la puerta; con todo esto, a tí será su deseo, y tu te enseñorearás (del
hebreo=a tí será sujeto) de él.” Génesis 4:1-7.
¿Cuál fué la razón por la cuál la ofrenda de Abel fué
agradable y la de Caín, no? ¿En que consistió la falta de agrado?
En la ley (que vino muchísimos años después) estaba permitido
traer flor de harina, espigas verdes, grano desmenuzado, primicias de los
frutos, las gavillas.
¿Entonces? ¿Qué fué lo
que desagradó de su ofrenda?
El escritor de la carta a los Hebreos nos dice:
“Por
la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era
justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.” Hebreos 11:4.
Al parecer otra paradoja.
En su propia forma, Caín, intenta abrir el acceso que estaba
cerrado y prohibido para el hombre.
Dios ya había mostrado la manera de hacerlo:
"Jehová Dios hizo túnicas de pieles y los vistió."
Hasta ese momento no se habla de muerte de animal alguno. ¿De
dónde obtuvo Dios las pieles? ¿De la peleteria?
¿Del centro comercial? ¿Quiénes o cuáles
animales tuvieron que ser sacrificados, para obtener la piel necesaria para
cubrir a Adán y Eva? No lo dice. Pero alguno tuvo que serlo.
No vinieron mágicamente.
Debió haber derramamiento de sangre.
Sacrificio. Desollamiento.
Pero aún no hemos contestado el dilema de las hojas de
higuera.