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Temas para controversia, pero que con una mirada avizora en la fuente de inspiración que es la Biblia, éstos, pueden ser de mucho provecho. Al menos, el intento de poner en balanza, o conceder el beneficio de la duda, en cada tema. La intención es hacer uso de lógica y razón.

Por razón de diseño del blog, no es posible dar el orden querido y debido a los temas. Recomiendo ver en el sig orden: Definiendo. El Viaje. Árbol del Conocimiento.

Tengo activado un Traductor.

Intentaré a menudo estar poniendo al día nuevos agregados a los ya existentes, o nuevos temas, u otros tópicos que pueda considerar de utilidad. ¡Gracias por visitarme! Aviso que filtraré los comentarios, porque no tiene caso publicar tonterías, denostaciones, groserias. Buscaré dar respuesta a los comentarios negativos, sea para aclarar o reconocer alguna falla o error. Espero que sea de utilidad:

berihuevas

domingo, 10 de agosto de 2014

4.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

3.- EL DESIERTO DE LA ORACIÓN


          El mar de arena abruptamente termina a las faldas de las ardientes cordilleras. No hay ninguna vegetación, sólo paredes de ardiente roca, dura y seca. Los huesos amontonados al pie de la base de la barrera rocosa son testimonio mudo de los peligros de ésta tierra desolada. El viajero fija su mirada, al empezar a caminar, en la estrella en forma de cruz, y se repite a sí mismo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”
Al oír voces en la distancia, el viajero sigue el sendero que está al pie de la montaña y que le lleva hacia ellas. Pero el sendero abruptamente da vuelta hacia un corte profundo en la montaña. Al entrar por la apertura, escucha como una voz resuena y reverbera con tal intensidad que no se pueden distinguir las palabras. Al internarse más por éste paso en la roca, el viajero se acerca a un enorme arco de hierro forjado, bajo el cual, un hombre habla a un grupo formado de hombres y mujeres. “Éste es el camino, créanme”, les ruega el hombre cuyas palabras ahora son claras. “La puerta angosta que está a mi izquierda, está tan oxidada que difícilmente se abrirá. “¿Quién, qué esté en sus cinco sentidos, querrá ir por ese sendero empinado, cuándo éste, bien pavimentado y transitado camino, está abierto y disponible? Pasen por ésta puerta y habrán salido de este desierto antes que se acabe el día. Buen alimento y una cómoda cama les espera al otro lado. Se han organizado reuniones de oración en las áreas de descanso, cada hora, a lo largo del camino.”
Sin dudar ni un momento, el viajero pasa por debajo del arco y procede por el camino. Otros se le unen. La ruta por la que ahora camina es plana y agradable, en contraste con la arena azul por la cual acaba de pasar con tanto trabajo. Un letrero repite la información de que hay áreas de descanso cada hora, las cuales constan de reuniones de oración y un ligero refrigerio. En la primera área de descanso, platica con una agradable anfitriona. “He caminado por mucho tiempo, por favor dime a dónde me lleva éste sendero...” Ella sonríe y contesta, “Llegarás a una hermosa casa, donde se te cuidará bien. Tu viaje habrá terminado para el atardecer.”
El viajero continúa caminando, sintiéndose cada vez más perplejo. Al empezar a caer la tarde y después de un viaje a través de rocas y árboles, se encuentra en la parte alta de una colina, contemplando una ciudad.
Bienvenido”, exclama un hombre que se encuentra parado debajo de un arco de hierro forjado, idéntico al arco por debajo del cual pasó anteriormente.
Gracias, contesta el viajero, “Pero, ¿En dónde estoy?”
¡Pues, en Ciudad Cristiana!”
Sin decir palabra, el viajero da media vuelta y regresa corriendo por el mismo camino por donde vino. Una vez que ha dejado a Ciudad Cristiana atrás, camina más despacio pero no se detiene sino hasta que llega al otro arco, al final del sendero falso. “Sólo deseo una cosa”, exclama, “antes de descansar – encontrar la puerta angosta y entrar por ella. ¿Cómo pude haber sido tan ciego? ¡Desde luego que la puerta ancha estaba disfrazada por enredaderas y hierbas!”
El amanecer lo encuentra en un sendero angosto que serpentea entre las rojas rocas. Se escucha un murmullo como el que hace el viento al pasar entre los árboles, pero aquí no hay ni árboles ni viento. El murmullo aumenta de volumen y finalmente se distingue como una salmodia de muchas voces. Ahora el viajero empieza a darse cuenta que adelante, por el sendero, va alguna gente. Ha venido a formar parte de una procesión de gente que se mueve hacia la Ciudad de Dios. Mientras caminan, van hablando con alguien invisible. Algunos van llorando. Otros están extáticos. Otros mencionan los nombres de algunas personas y piden cosas buenas para ellos. Algunos piden ayuda de sus vecinos que van al frente o atrás de ellos, pero el enfoque principal de todos ellos está en ese Alguien Invisible.
El acompañante misterioso del viajero regresa ahora y le dice: “Aquí en el Desierto de la Oración, el contraste con Ciudad Cristiana es extremo. Allá, es cierto que tienen reuniones de oración y la gente ora antes de acostarse. Cuando la vida se torna difícil, sus oraciones se intensifican hasta que la crisis pasa. Pero en el Desierto de la Oración, la oración viene a ser un estilo de vida la fuente de toda la existencia de uno. El tiempo ha llegado para que te pierdas en la vida de oración. Medita en éstos pasajes del evangelio de Lucas”, agrega ella, dándole una hoja de papel en la cual está escrito: “Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tu eres mi Hijo amado; en Ti tengo complacencia.”
Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Más El se apartaba a lugares desiertos y oraba.”
En aquellos días Él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.”
Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entretanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.”
Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.”
Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad para que no entréis en tentación. Y Él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró.”
Y cuando legaron al lugar llamado de la calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la y otro a la izquierda. Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
Una vida de oración es algo que hacemos solos, sin embargo, nos lleva a estar en comunión con Dios y con los hombres como ninguna otra cosa lo puede hacer”, su acompañante le comenta cuando acaba de leer. “oración es ir a Dios, a la puerta del Padre y pedirle pan para poder dárselo al hermano necesitado. Cuando tocas y continúas tocando, la puerta siempre se abre. ¡Siempre! De esa comunión con Dios surge algo que puedes compartir con otros. Y al compartir lo que Dios te ha dado, tienes comunión con ellos. Una persona puede disfrutar de ésta comunión, aunque sea algo torpe, pues la vida de oración liberta del temor de lo que la otra gente piensa y del miedo a los propios errores.”
Pero, ¿Son realmente necesarias para aprender a orar éstas montañas espectrales, éstos riscos, éste continuo peligro?”, pregunta el viajero.
Bueno, en el pasado tú clamabas a Dios en tus emergencias ocasionales. Aquí estás aprendiendo a ver la vida como una continua crisis, que te lleva a buscar a Dios de día y de noche. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche? Entre más clara sea nuestra visión de lo que sucede en el mundo – que tan a la orilla del caos las naciones se encuentran, entre más entendamos que la única forma de conocer la vida es acercarnos a Dios el Padre en oración, más clamaremos a Él, noche y día. Oramos sin cesar porque la crisis de la vida en esta tierra nunca se acaba.”
Pero, ¿Por qué tiene que ser tan difícil? Me parece que hasta aquí, escalar éstas montañas es la parte más ardua de éste viaje.”
Porque la oración es nuestro principal trabajo. Se necesita pensar, concentrarse, una voluntad activa y lo mejor de la fuerza de uno para santificar el nombre de Dios, la venida del Reino de Dios, para orar por los obreros de la mies, o para orar por alguna persona en particular y sus necesidades específicas. Escasamente has empezado a descubrir las maravillosas cosas que están por suceder en respuesta a tus oraciones, si es que no dejas de hacerlo.”
Esto es bien difícil. Continuar cuando me encuentro tan cansado.”
Eso es porque tus oraciones están entrando en una verdadera batalla. La oración es el campo donde vencemos el mal con el bien. En estas montañas aprenderás a orar por tus enemigos. El vencer el mal con el bien comienza al pedir que algo bueno venga a aquellos que nos han hecho daño.”
El angosto sendero lleva a un mirador donde el viajero y su acompañante comparten una comida. Después caminan hasta la orilla del mirador, donde ella señala hacia la tortuosa senda que desciende por las montañas que van disminuyendo en tamaño, hasta llegar a un punto en el horizonte donde llegan a su fin.
¿Ves? Allá empieza La Siega”, la acompañante del viajero le dice, mientras señala hacia una vista más allá donde se encuentran. “Recuerda las palabras que dijo Jesús: “¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se goce juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis, otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.”
El viajero mira hacia la distancia mientras que su acompañante continúa explicando. “Recuerda que en ciudad Cristiana hay una calle ancha llamada el Boulevard de los Misioneros, bordeada con espaciosos y bien cuidados edificios y adornada con fuentes, prados y lindos arbustos. Esos edificios dan albergue a todas las empresas misioneras conocidas en el mundo cristiano. Allí están los cuarteles generales para la extensión literaria, oficinas editoriales para sofisticadas revistas misioneras y pequeñas oficinas que proveen servicios de cartas para oración, para obreros menos conocidos. Hay estudios que producen teletones literarios a nivel mundial y cintas de videos para peticiones misioneras. Hay instituciones que ofrecen cursos de actualización para los misioneros que están de vacaciones y un servicio de itinerarios computarizado para aquellos misioneros que necesitan ampliar su base financiera. Hay centros de reclutamiento, centros de albergue para misioneros jubilados y una floreciente compañía de discos. Pero, últimamente al Boulevard de los Misioneros ha entrado un gran pánico por unas perturbantes noticias. Se ha oído que un gran grupo de misioneros ha cometido la imperdonable violación a la etiqueta misionera: en lugar de tomar como campo misionero los territorios aprobados en el mundo conocido, los misioneros se han lanzado al desierto, hacia la Ciudad de Dios.”

¿Pero, qué clase de campo misionero es éste desierto?”, pregunta el viajero. “¿Qué almas van a salvar en el Desierto del Perdón, además de la suya propia? Y, todos los que se encuentran en el Desierto de la Adoración, ya han sido avivados por la gloria de Dios. En el Desierto de la Oración existe una maravillosa comunión con los otros viajeros, y yo estoy aprendiendo a interceder, pero hay algunas almas perdidas…”

1.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

EL VIAJE
(Por Robert E. Burnell)

          En mi sueño, veo como un viajero solitario avanza por el camino. Al ponerse el sol tras las colinas, se distingue una ciudad. Al acercarse, el viajero ve lo que parece ser un grupo grande de iglesias. Las cúpulas y cruces se destacan contra el horizonte. Su paso se acelera. ¿Será éste su destino? Pasa un imponente edificio con un anuncio de neón que anuncia parpadeando: “Catedral del Futuro.” Más adelante, un estadio iluminado con reflectores ostenta una cartelera que se jacta de que allí la gente se amontona tres veces a la semana, con reuniones evangélicas. Más allá, modestas capillas neo-testamentarias y sinagogas hebreo-cristianas se agrupan a lo largo de la calle.
- “¿Es aquí la Ciudad de Dios?”, escucho al viajero preguntarle a una mujer que está en el kiosco de información en la plaza central.
-“No, aquí es Ciudad Cristiana”, le contesta.
-“¡Pero yo pensé que éste camino llevaba a la Ciudad de Dios!”, exclama con gran desencanto.
-“Eso es lo que todos pensábamos cuando llegamos”, le contesta en tono simpatizante.
-“Este camino continua subiendo por la montaña, ¿verdad?”, pregunta.
-“Realmente no sabría decirlo”, le contesta con la mirada vacía.
Veo como el hombre se da la vuelta y continúa subiendo con dificultad en medio de la obscuridad que se avecina. Al llegar a la cima, continúa hacia la obscuridad; parece que no hay nada, absolutamente nada. Se estremece ligeramente y regresa a Ciudad Cristiana, donde se hospeda en un hotel.
Al amanecer se levanta y aunque curiosamente no se siente descansado, nuevamente emprende el camino por la montaña. Al aumentar la luz del sol, descubre que lo que pensó la noche anterior que era un vacío, de hecho es un desierto – arena ondulante, seca y caliente a lo largo de todo lo que sus ojos alcanzan a ver. El camino se convierte en un sendero angosto que trepa por una duna y desaparece. “¿Podrá éste sendero llevarme a la Ciudad de Dios?”, se pregunta en voz alta. “Se ve bastante solitario y parece rara vez transitado.”
Sus pasos se tornan más lentos por la indecisión. Regresa a Ciudad Cristiana y se dirige a un restaurante para comer. Por encima de la música de un disco evangélico, le pregunta al hombre que está en la mesa de al lado, “Ese sendero que sube por la montaña, donde empieza el desierto, ¿me llevará a la Ciudad de Dios?”
- “No seas tonto”, le contesta rápidamente. “¡Todos los que se han ido por ese camino se han perdido, se los traga el desierto! Si buscas a Dios, hay bastantes buenas iglesias en ésta ciudad. Debes escoger una y quedarte aquí.”
Al salir del restaurante, sintiéndose cansado y confundido, busca un lugar debajo de un árbol y se sienta. Se le acerca un anciano, quien empieza a rogarle en tonos urgentes. “Sí te quedas aquí, en Ciudad Cristiana, te secarás. Debes tomar el sendero. Yo pertenezco al desierto que viste ésta mañana. Fui enviado para animarte a que continúes. Recorrerás muchos kilómetros, tendrás sed y calor, pero los ángeles caminarán contigo y hallarás manantiales de agua a lo largo del camino. Y, ¡al final del viaje, llegarás a la Ciudad de Dios! ¡Nunca has visto tal belleza! ¡Al llegar, las puertas serán abiertas para ti, pues se te está esperando!”
-“Lo que dices suena maravilloso”, contesta el viajero, “Pero me temo que nunca podré sobrevivir ese desierto. Quizá sea mejor que me quede aquí en Ciudad Cristiana.”
El anciano sonríe. Ciudad Cristiana es el lugar para aquellos que quieren religión sin perder su vida. El desierto es el territorio de aquéllos cuyo corazón tiene tanta sed de Dios, que están dispuestos a perderse en Él. Amigo, cuando Pedro sacó su bote a tierra, abandonando todo para seguir a Jesús, estaba siendo tragado por el desierto. Cuando Mateo dejó de cobrar impuestos y Pablo renunció a su fariseísmo, ellos también estaban abandonando una ciudad parecida a ésta, para correr sobre las dunas, tras Jesús, y así perderse en Dios. Por lo tanto, no tengas miedo. ¡Muchos han ido antes que tú!”
En seguida, me doy cuenta que el viajero quita su vista de los ojos quemantes ojos del anciano y voltea hacia el ruido de Ciudad Cristiana. Observa a la gente ocupada, corriendo de aquí para allá, con sus Biblias y portafolios brillantes, viéndose como hombres y mujeres que conocen su destino. Pero es obvio que les falta algo, ese algo que el anciano con ojos de profeta, posee.
En mi sueño, me imagino que el viajero va dándole vueltas al asunto en su mente. “Sí me voy allá, ¿Cómo podré estar seguro que realmente me perderé en Dios? En la Edad Media, algunos cristianos trataron de perderse en Dios, dejando el mundo atrás, entrando a un monasterio. ¡Cuánta se decepcionaron algunos de ellos, al encontrar que el mundo estaba allí también! Y, ¿Qué tal sí la gente que se está preparando aquí en Ciudad Cristiana, para irse a la jungla o a algún barrio descuidado, está más cerca de perderse en Dios? Pero claro, entiendo que una persona podría viajar hasta el fin del mundo y nunca perderse.”
El viajero voltea para ver al anciano nuevamente, quien ha empezado a caminar por el angosto sendero que lleva hacia el desierto. De repente, una decisión moviliza sus pies y dando un salto, el viajero corre tras de él. Cuando lo alcanza, no se dicen nada. El anciano da una vuelta abrupta hacia la derecha y lo guía hacia otra pendiente más escarpada, que sube hacia un pico envuelto en una luminosa nube. La escalada se hace muy difícil. El viajero parece marearse y empieza a tambalearse. Su guía se detiene y le ofrece un trago del frasco que lleva sobre su hombro. Jadeante, bebe a grandes sorbos. “Ningún agua me ha sabido tan dulce como ésta”, exclama con gran sentimiento. “Gracias.”
El anciano señalando a lo lejos a un panorama no tan monótono ni tan desolado como antes parecía, le dice, “Mira allá.” El desierto se ha tornado en muchos colores de diferentes tonos. A lo lejos, una luz brillante parpadea y se mueve sobre el horizonte, como algo viviente. “¡Allá está la Ciudad de Dios! Pero antes de llegar, tendrás que haber pasado por esos cuatro desiertos que ves. Inmediatamente debajo de nosotros está el Desierto del Perdón. El viajero distingue pequeñas figuras difusas que avanzan despacio hacia la ciudad, separadas unas de otras por varios kilómetros.
¿Cómo pueden sobrevivir la soledad?”, pregunta el viajero. “¿No sería mejor que viajaran juntos?”
Bueno, realmente no van solos. Cada uno va acompañado por el perdón de Dios. Están siendo tragados por el desierto de la vasta misericordia de Dios. Mientras ellos viajan, el Espíritu Santo les va diciendo, "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo." Ellos están siendo sanados al ir caminando.”
Un poco más adelante se divisa una expansión azul. “¿Es un mar?”, pregunta el viajero.
Parece agua, pero es una mar de arena. Ese es el Desierto de la Adoración. Mira a través de éstos anteojos y verás que allí también hay gente caminando. Fíjate como en ese lugar empiezan a agruparse las personas. Están percibiendo la primera muestra del gozo de la Ciudad – la Adoración. Están descubriendo que fueron creados para la adoración de Dios y, eso, se está convirtiendo en su estilo de vida – la fuente candente de todo lo que hacen.”
¿Qué acaso en Ciudad Cristiana al gente no adora?” ¿Qué tiene de especial éste desierto?”
La adoración, es decir la verdadera adoración, sólo puede darse cuando una vida se ha abandonado completamente al desierto de la presencia de Dios. Es entonces cuando el corazón empieza a adorar al Padre, en espíritu y en verdad.”
Más allá de la expansión azul, donde el desierto se eleva entre rojas y ardientes montañas”, el anciano, explica al viajero, “se encuentra el Desierto de la Oración.
Al pasar por éste desierto, los viajeros encuentran que es necesario olvidarse de toda distracción y concentrarse en la oración. Muy pronto se dan cuenta que no hay otra forma de sobrevivir, sino clamando a Dios continuamente. Para cuando llegan al extremo final de ese desierto, la oración, ha llegado a ser su gozo supremo y una pasión que los consume. “A primera vista, parece ser que la Ciudad de Dios esta al otro lado del Desierto de la Oración. Pero hay un desierto más, escondido por esas montañas, el cual debes pasar antes de llegar a tu destino. Se le llama simplemente La Siega... Cuando llegues allí, tú lo sabrás. Y más allá de La Siega, está la Ciudad misma. ¡Tú nombre es conocido allí! ¡Tu llegada es esperada con ansiedad! Ven empecemos nuestro viaje.”
No me parece que el anochecer sea el tiempo más propicio para empezar un viaje como éste”, comenta el viajero.
No regreses a Ciudad Cristiana”, le exhorta el anciano, contemplándole seriamente.
¿Ni aunque sea tan tarde? Así podré tener un buen descanso esta noche y salir a primera hora mañana”, agrega el viajero con esperanza.

Tú descanso se encuentra allá”, le insta. “Camina ahora mismo hacia el desierto. El Espíritu Santo te ayudará. No temas perderte en Dios. En ningún otro lugar podrás encontrar tu vida.”

3.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

2.- EL DESIERTO DE LA ADORACIÓN


          “¡Agua!” “¿Quién hubiera pensado que en medio del desierto habría un mar?” El viajero está diciéndose esto, cuando lo veo nuevamente en mi sueño. De lo alto de una inmensa duna, mira hacia abajo a la expansión azul que se extiende hasta el horizonte. “Pero no, no es agua”, recuerda. “El anciano señaló esto al principio del segundo desierto.” Al ir descendiendo hacia la parte baja de la colina, el extraño mar de arena no parece tan plano como se veía desde arriba. Hay ondas azules que se extienden a la distancia como si fueran un océano congelado. “¡Quizá haya una relación entre ésto y “el mar de cristal delante del trono de Dios!” Quizá las ondas se nivelarán conforme me aproxime a la Ciudad de Dios.”
De repente, una persona de hermosura no terrestre se encuentra parada cerca del viajero. “Saludos”, la criatura le dice. “Éste tramo es bastante largo. Muchos han perecido al tratar de cruzarlo a pie. Yo te ofrezco una mejor forma.”
Si, yo tengo el poder para cruzar éste desierto en medio segundo. Y sí tú me permites, te puedo llevar conmigo. Te puedo llevar sano y salvo al otro lado inmediatamente.”
¿Y qué debo hacer?”
Todo lo que yo requiero es un acto nominal. Si sencillamente te arrodillas y me rindes honor, te llevaré al otro lado de éste desierto con la rapidez de la luz…”
Pero, “¿eso sería adorarte?, ¿no?”
¿Por qué te parece eso extraño? La gente lo hace todos los días. Tú mismo lo hacías antes de que vinieras a éste desierto. Los habitantes de Ciudad Cristiana me adoran con frecuencia. Algunos adoran el dinero – le sirven como esclavos. Nada más de pensar en él, sus ojos se iluminan. Pero el amor al dinero es sólo un símbolo de mi realidad.”
¿Y qué tal el romance? ¿Qué podrá ser más hermoso e inocente que estar enamorado? Pero cuando el estar enamorado viene a ser la meta y domina completamente la mente, se torna en idolatría. Y yo soy, nada menos, el que está detrás de ese ídolo, dice triunfalmente. Pero la adoración que personalmente me satisface más, es la que recibo de hombres y mujeres que están persiguiendo el éxito religioso.
¡Basta!”, el viajero pone un alto a su jactancia. “Sí para obtener un viaje rápido al otro lado del desierto tengo que adorarte, con mucho gusto caminaré, aunque me tome toda la eternidad.”
Al oír esto, la criatura encantadora desaparece derrotada.
Pronto escucho al viajero hablando consigo mismo, otra vez. “Es posible que en Ciudad Cristiana se pueda hacer como que se tiene fe en Dios, mientras que la adoración de uno, lo que tiene la mente obsesionada día y noche, es realmente idolatría. Ahora que he salido de allí, podré sobrevivir solamente sí me pierdo en la adoración de Dios. Él ha dicho: “He aquí yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en la soledad. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido, este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará.”
¿Será qué tal adoración sólo puede darse en éste desierto, con su sequedad y calor martillante, con su luz que insensibiliza y su misterioso silencio?”
Estas reflexiones son interrumpidas por un repentino crescendo de una música indescriptible, un cantar de belleza no terrenal. Las voces parecen estar por doquier. De la parte alta de una onda azul, el viajero observa a siete personas que están paradas en una hondonada, con sus manos levantadas hacia el cielo, entonando alabanzas a Dios. En medio de ésta música, su acompañante regresa. Lleno de gozo, el viajero le dice: “¿Te das cuenta como los siete adoradores realmente están rodeados por una multitud de seres magníficos, cuyas voces se mezclan con las suyas? Yo siento que aunque todavía estoy aquí en el desierto, en alguna forma, ya he llegado a las afueras de la Ciudad de Dios.”
Os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel…así que recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor.”
Después de un tiempo, el canto cesa. Todo se queda en quietud. No se ve a nadie sino a los siete adoradores, quienes ofrecen al viajero la paz de Dios. Desfilan sobre una duna, dejándolo solo con su acompañante, quien lo lleva a un arroyo saltador y le provee alimento.
¡Así qué éste es el Desierto de la Adoración!”, exclama el viajero, todavía sorprendido por su experiencia.
Si. Aquí los cristianos aprenden a adorar a Dios Padre en espíritu y verdad. Podrás llamarlo el pórtico de afuera de la Ciudad de Dios; pues como tú has visto, los habitantes de esa Ciudad, están alrededor tuyo. Allá en el Desierto del Perdón empezaste a experimentar el poder de la sangre de Jesús limpiando lo más íntimo de tu corazón. Aquí en el Desierto de la Adoración recibes el Espíritu Santo. Dios te bautiza con poder de lo alto para que le adores a Él, con una adoración, que en el desierto que sigue, tomará la forma de obras. Joel capítulo 2 nos dice: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.”
Nunca había experimentado una adoración como ésta. Pero, ¿Perdurará?, pregunta el viajero. ¿Podré continuar alabando con la misma gracia al Dios viviente, en el desierto que me falta por cruzar?”
En ti se están dando cambios que, sí tú lo permites, permanecerán para siempre. Tú corazón está siendo abierto por el derramamiento del Espíritu Santo. Tú boca está siendo abierta para que hables lo que Dios te de – “Tus hijos y tus hijas profetizarán.” Y tus ojos están siendo abiertos para que veas visiones y sueñes sueños. Estás recibiendo ojos que puedan ver a Dios.”
Pero, ¿Qué todo esto no sucede también en Ciudad Cristiana? Me han platicado que éste tipo de cosas suceden todos los domingos en la reunión de la Iglesia Apostólica del Futuro.”
La diferencia, hermano, está en que aquí no solamente pruebas la adoración o te salpicas con la adoración. Aquí en el desierto, te pierdes en la adoración de Dios de tal forma, que toda tu alabanza y gratitud es sólo para Él. Todo lo que haces es hecho para Él.”
Pero, ¿Qué no habrá peligro de volverse uno fanático?”
Los fanáticos adoran principios, ideas, personalidades humanas, aún demonios, pero nunca a Dios. La adoración a Dios, que consume al individuo, es la puerta, no al fanatismo, sino a una libertad tal como nunca la has conocido. Cuando te pierdas en la adoración a Dios, ya no adorarás tales cosas como el dinero, el romance, o el éxito. Habrás encontrado el verdadero objeto de la adoración; conforme le adores a Él, te sentirás realizado.”

Al decir éstas palabras, su acompañante se retira. Una vez más, el viajero se encuentra solo, sobre un mar azul de arena, perdido en la adoración de Dios.  

6.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

5.- LA VISIÓN


          Cuando en mi sueño vuelvo a ver al viajero, éste ha empezado a quejarse. “¿Cuánto va a durar esto? Yo hubiera pensado que para ahora ya se habría terminado todo el trabajo y podríamos continuar. Lo siento mucho, pero estoy cansado. Me voy junto aquella peña para descansar un par de días.”
Más tarde, otro viajero pasa junto a la peña y lo encuentra casi muerto. Corriendo al manantial, llena dos frascos, regresa y vacía el precioso líquido en su garganta.
Tómatela, hermano, tómatela.”
¡Gracias, gracias! Por poco y me muero, dice el primer viajero entre sorbos. “Pero, ¿Cómo llegué a tal estado? ¿Qué falló?”
Su misterioso acompañante se le une otra vez. “Hermano”, le dice, “perdiste tú fuerza porque perdiste tú visión. La Ciudad de Dios que yace allá, es tú destino. Es tú hogar, la habitación de nuestro Dios. Mientras estés trabajando, asegúrate de tomar tiempo diariamente, cada hora, para detenerte y mirar a la Ciudad de Dios. Sí dejas de levantar tú vista durante tus labores para ver la Ciudad de Dios, dejas de tomar tiempo para escuchar Su música, dejas de respirar la atmósfera que esparce, o de beber del manantial que fluye por debajo de sus puertas, quedarás exhausto. Debes recordar que el poder que te sostiene, emana de la Ciudad.”
El viajero reanuda su trabajo en La Siega, con nuevo vigor. Pero al caer la tarde, vencido por el cansancio, se dirige al manantial. Una mujer que se ve bastante vieja se va acercando; sin embargo, no parece estar cansada en lo más mínimo.
¿Cuál es tú secreto?, le pregunta el viajero. “Te ves tan joven y vigorosa, mientras que a mí ya no me quedan fuerzas.”
Yo he aprendido de Daniel”, le contesta. “Daniel debe haber sido un hombre sumamente ocupado; sin embargo, en medio de las presiones diarias que lo apremiaban, él continuó regresando a su cámara cuyas ventanas daban hacia el oeste. Allí, viendo hacia Jerusalén, a cientos de kilómetros de distancia, él oraba y daba gracias a Dios. Y aunque significara el foso de los leones, Daniel rehusó dejar de elevar sus oraciones. Él mantuvo su visión viva, enfocado siempre en la Ciudad de Dios. Y eso, es lo que yo hago. Entre más tengo que luchar con problemas aquí en La Siega, entre el tiempo más me presiona, más firmemente fijo mis ojos en la Ciudad de Dios. Me aseguro de estar levantando la vista con frecuencia. Cada vez que como pan y tomo vino, lo hago con anticipación así como en recuerdo. Sabes, ese es el alimento en la Ciudad. Eso mantiene mis ojos y mi corazón allí.”
Cuando el viajero se alejó de la vieja mujer, parecía estar conscientemente tratando de mantener delante de él la visión. En voz baja estaba cantando las palabras de Apocalipsis, que dice: “Y vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: ¡He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como Su Dios! ¡Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron!”

Cuando veo al viajero por última vez, su acompañante misteriosa había regresado para darle una advertencia final: Mantente viendo a la ciudad y recuerda Quién te espera allí. Él ha preparado un lugar para ti y pronto regresará por ti. Mientras tanto, mira a la Ciudad. El renovará tus fuerzas para que levantes alas como de águilas, corras y no te canses, camines y no te fatigues.”

2.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

1.- EL DESIERTO DEL PERDÓN


           Al caer la noche, el anciano ha dejado al viajero solo, parado a la orilla del desierto. A su espalda, las luces de Ciudad Cristiana le invitan a regresar. Puedo imaginar que él está pensando en lo agradable que sería una conversación amigable junto con una comida caliente, e irse después a dormir en una confortable cama. De repente la expresión de su rostro cambia y con resolución murmura, “sin duda éste es el camino que debo tomar. Encontraré mi vida sólo si la pierdo, eso es seguro. Pero, ¿Cómo puedo saber con certeza si tomo este sendero hacia el desierto realmente me perderé en Dios, y no solamente me perderé? Puedo recordar mucha gente que tomó un sendero solitario que los llevó, no a la Ciudad de Dios, sino a pensamientos irreales y falsas experiencias, de tal forma que sus mentes y sus vidas fueron destruidas. El peligro de aceptar algo que sea menor a lo que la vida en Ciudad Cristiana tiene que ofrecer, debe ser evaluado contra la posibilidad de perder la vida en el desierto de un engaño espiritual. Estoy seguro que en la obscuridad que se ve más allá, además del sendero que lleva a la Ciudad de Dios, habrá muchas trampas que llevan al infierno, donde puede uno perderse en una inútil soledad. ¿Cómo puedo estar seguro que podré distinguir el verdadero sendero?
Lo que en mi sueño creía que era una estrella que colgaba muy bajo en el horizonte, ahora toma la forma de una cruz que pende directamente sobre el sendero que esta frente al viajero. Al levantar la vista, se fija en ella y su rostro muestra entendimiento. Susurra quedamente, “Perdón.” Y con una profunda reverencia cita: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la porvenir.” ¡Sí, continuaré!, exclama el viajero con gran gozo, dando sus primeros pasos hacia el desierto.
Al despuntar el nuevo día, no ve nada sino cielo azul, arena y un sendero que puede distinguirse de entre los demás, por la cruz que cuelga trémulamente, precisamente donde la senda se encuentra en el horizonte. Al ir avanzando el día, es obvio que el viajero se encuentra cansado, sediento y enfermo por el calor. Justo entonces, cuando parece que ya no puede arrastrar los pies para dar un paso más, aparece un desconocido a su lado.
Detrás de la siguiente colina, encontrarás un manantial”, le dice. “Continúa, ya casi llegaste”, le anima. Pronto se encuentra recostado junto a un manantial tomando y comiendo el alimento que el amable desconocido le provee. “Éste es el Desierto del Perdón”, explica el viajero. “Con frecuencia la gente espera que el perdón de Dios sea como un hermoso parque con fuentes, ríos y pasto verde. No pueden entender por qué tiene que ser un desierto. Sin embargo, es necesario aprender que el perdón de Dios es todo – y quiero decir, ¡Todo! Esto es posible sólo en un desierto, donde el cristiano no puede ver nada, apreciar nada, esperar nada, sino la Cruz de Jesús.” Luego, le cita varios pasajes de Gálatas: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que andan conforme a ésta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios.”
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues sí por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.”
¿Crees que el apóstol Pablo pasó por éste desierto?, pregunta el viajero.
Claro que sí. Por años Pablo trabajo arduamente en Ciudad Religión para llegar a ser un hombre religioso. A pesar de eso, no encontró paz para su espíritu. Fue entonces cuando Pablo se encontró con Jesús y desde entonces, Jesús sólo significó una cosa para Pablo: Perdón. Pablo se quedo anonadado con esto. A partir de entonces, el perdón de la cruz fue el tema de su vida. Pero la primera experiencia de Pablo sobre el Reino de Dios como una realidad en su vida, fue precisamente en éste desierto.”
Así es que yo voy caminando por donde caminaron los apóstoles”, exclama el viajero, su voz se llena de temor reverencial.
¿Recuerdas cuando Jesús le mandó a Pedro que echara su red, y éste la sacó llena de peces? Su respuesta inmediata fue: ¡Apártate de mí, Señor porque soy pecador!” Jesús le contestó, No temas; desde ahora será pescador de hombres.” Implícita en la respuesta de Jesús estaba: “No te preocupes, yo me encargo de tu pecado.” Y cuando trajeron las barcas a tierra y dejaron todo y siguieron a Jesús – le siguieron hasta aquí – el Desierto del Perdón en busca de Su cruz. Después que Jesús había muerto por los pecados de Pedro, resucitado para su justificación y antes de que lo llenase con el Espíritu Santo, le dijo al hombre que lo había negado tres veces: “Simón, hijo de Jonás, ¡me amas?...apacienta mis corderos.” Y con ésta pregunta y mandato, repetido tres veces, la vida de Pedro fue sanada por el perdón de Su Señor.”
Por años”, el viajero comenta, “he estado tratando de ir más allá del perdón teórico, doctrinal, probablemente lo que se enseña en Ciudad Cristiana, a fin de conocer el perdón mismo. He deseado ser inmerso, bautizado, perderme en Él. He ansiado oír a Jesús decirme personalmente: “Ten ánimo, hermano, tus pecados son perdonados.” He deseado que la sangre de la cruz fluya en mi corazón para purificarlo.”
Has venido al lugar correcto. Antes que llegues al otro lado de éste desierto, habrás experimentado el alivio de no llevar la carga, que hasta ahora has llevado contigo. Empezarás a caminar delante de Dios sin avergonzarte. Así como estabas antes obsesionado con la necesidad de edificarte a ti mismo, pronto lo estarás con el perdón de Dios.”
¿Obsesionado con el perdón de Dios?”, pregunta. “Llegarás a estar tan obsesionado con la misericordia de Dios, que serás libre de la opinión de la gente por primera vez en tu vida.”
¡Ja! ¿Yo? ¡No!”, replica inmediatamente.
La mujer que lavó los pies de Jesús con sus lágrimas, estaba obsesionada con Su perdón a tal grado, que no hizo caso de las burlas y las opiniones de los demás. Y el leproso que fue sanado - con gozo cayó a los pies de Jesús, dando gracias por algo más que la limpieza de su cuerpo; había recibido la sanidad interior que trae el perdón. Cuando Zaqueo subió al árbol para ver a Jesús, contempló caminando hacia Él, por el camino, a su propio perdón. Quedó tan obsesionado con el perdón que inundó su vida ese día, que las cadenas de la avaricia fueron quitadas de su corazón. ¡Verdaderamente has venido al lugar donde esto puede sucederte a ti!”
El viajero continúa su viaje, mientras que una misteriosa acompañante camina silenciosamente a su lado por una hora o dos y después desaparece.
¡Qué tremendo gozo siento!”, exclama el viajero en alta voz. “¡Esto debe ser lo que los discípulos sintieron, cuando regresaban a Jerusalén, después de la ascensión de Jesús!”
El viajero distingue, a la luz en forma de cruz, la figura de otra mujer sobre la parte alta de la siguiente duna, que viene bajando la pendiente, despacio hacia él. Parece reconocerla. Por su expresión me imagino que ésta persona le dañó en el pasado. Al irse acercando, sus ojos quedan fijos en el viajero.
¿Me perdonas?”, le pregunta.
El viajero se detiene. La mujer se le acerca aún más y le pregunta por segunda vez, “¿Me perdonas?” Están cara a cara, cuando ella, por tercera vez, le pregunta, “¿Me perdonas?” El acompañante misterioso del viajero se encuentra de nuevo a su lado, dándole instrucciones quietamente. “Éste Desierto del Perdón no sólo es un lugar donde se recibe perdón, sino también donde se perdona a otros. Ésta mujer es sólo la primera de una procesión de gentes de tu pasado, a quien, realmente tú, nunca has perdonado. La paciencia sobrenatural que ha estado inundando tu vida durante todo éste día, está siendo retada por la amargura que has tenido guardada en tu alma durante todos éstos años. ¡Debes escoger! El perdón estéril, superficial y vacío de tu vida pasada, no te permite ni siquiera ser amable con ésta mujer. Pero el perdón de Dios que ha estado fluyendo hasta el punto de llegar a ser una obsesión, podrá fluir ahora de ti, sí tú lo permites.
El viajero extiende su brazo, toma a la mujer de su mano, le ve a los ojos y contesta, “¡Desde luego que te perdono!”
Ella llora. Y en el momento que forma la palabra “Gracias” con su boca, desaparece.
El hombre que en Ciudad Cristiana le dijo al viajero que no fuera un tonto, viene corriendo, jadeante hacia él. Secándose la cara con su pañuelo, el afligido hombre empieza a pedirle perdón.
Desde luego, desde luego”, cordialmente le contesta el viajero. “No es nada. No te preocupes.”
Por favor no tomes esto tan realmente a la ligera. Necesito tú perdón. ¿Realmente me perdonas, desde el fondo de tú corazón?”
¡Pero si ya lo hice!”, contesta el viajero. Su acompañante esclarece la situación un poco. Él necesita tu perdón. No tu cortesía, sino un activo y genuino perdón. Necesita tú amor.
Mi amigo”, el viajero le dice sinceramente en un tono respetuoso, “eres perdonado.”

Con gran alivio, el hombre suspira, “Gracias”, y desaparece en el aire del desierto. Su acompañante le recuerda el versículo de Mateo 18, que dice: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? No te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete.”

sábado, 9 de agosto de 2014

7.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

6.- LOS DOS AVIVAMIENTOS


          En éste punto de la jornada del viajero, fui llevado de ese escenario a lo alto de un risco. Allí encontré una placa de piedra, inscrita con las palabras del Apocalipsis capítulo 19: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llamas de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino Él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y Su nombre es: El Verbo de Dios. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De Su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y Él las regirá con vara de hierro.; y el pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en Su vestidura y en Su muslo tiene escrito éste nombre: Rey de Reyes y Señor de Señores.”
Al levantar la vista de la placa, vi, debajo de donde estaba, dos avivamientos que se daba simultáneamente. Ciudad Cristiana estaba experimentando un avivamiento que se manifestaba en un rápido crecimiento masivo. En muy poco tiempo, la población había aumentado diez veces. Edificios se estaban levantando por todos lados. Casas nuevas se extendían por todas las colinas alrededor. Pero el aspecto más dramático del crecimiento de Ciudad Cristiana, era la aparición de magníficas estructuras de iglesias que se elevaban por doquier. Una catedral estaba siendo terminada, la cual tenía una torre de setenta pisos de altura, albergando el transmisor más potente del mundo. Otra iglesia tenía la forma de un gigantesco domo de vidrio, con una plataforma giratoria y sistema de sonido circundante. Lo más inusual, se veía como una cruz levantada, con quince elevadores que transportaban a la gente al santuario que estaba en el brazo de la cruz que daba al lado sur y un restaurante cristiano al lado norte. Había instalaciones para la educación cristiana para todas las edades, desde pre-kinder hasta escuela de graduados; éste grupo patrocinaba centros para retiros, al estilo chalets suizos panorámicos, con amplios auditorios para conferencias.
En Ciudad Cristiana se consideraba que tal crecimiento era una señal de los últimos tiempos. Las listas de los libros más vendidos, indicaban que aquéllos sobre el fin de los tiempos, eran los más populares, después de los manuales cristianos de sexo. Reporteros de todo el mundo estaban allí para escribir artículos sobre el auge que se daba. Los habitantes de Ciudad Cristiana estaban proclamando que, cuando viniera el fin, ellos serían trasladados a la Ciudad de Dios, antes que el caos se desatara.
Al mismo tiempo, al otro lado del desierto, en la lejana Ciudad de Dios, un avivamiento muy diferente estaba dándose, sin ninguno de los adornos de la religión exitosa. Hombres y mujeres moribundos estaban siendo levantados sobre sus pies, como los huesos que Ezequiel vio. Estaban siendo libertados de sus enfermedades, sus pecados y sus prisiones espirituales, con sólo beber el agua de vida que se les compartía y que les traía sanidad. Como si fueran un fuego que se extendía o una inundación, los enfermos estaban siendo levantados. Los obreros que habían pasado años trabajando y viendo resultados muy limitados, encontraban que ahora sólo se necesitaba una gota de agua en la lengua seca de alguien, para levantar a los moribundos, a vida. Y cada día éste proceso se llevaba a cabo con mayor rapidez. Finalmente observé como el último de los cuerpos postrados era levantado a vida. Lo que había parecido un campo de batalla de derrota, había venido a ser el campamento de un poderoso ejército. Repentinamente, un terremoto sacudió el suelo bajo mis pies. El cielo se oscureció y un sonido de guerra retumbó en el este.
Fue entonces cuando vi como Ciudad Cristiana era invadida y destruida. Las magníficas catedrales, la cruz más grande del mundo, los centros para retiro y los auditorios para conferencias estaban siendo hechos añicos y derribados por explosiones ensordecedoras. Los cadáveres de los habitantes que habían creído que escaparían éste holocausto, llenaban las calles. Los ejércitos de destrucción ahora se encaminaban hacia el desierto, escenario del segundo avivamiento. Muy pronto, lo que parecía una horda indestructible estaba rodeando el Desierto del Perdón, el Desierto de la Adoración y el Desierto de la Oración. Un solo rugido como el de una bestia herida, llenó el aire en cuanto la Ciudad de Dios apareció a su vista. La horda se lanzó hacia su meta, para tomar la Ciudad de Dios. Pero cerca del muro de la Ciudad, el ejército de aquellos que habían sido revividos esperaba con gran aplomo. Cuando el enemigo estaba a su alcance, las puertas de la Ciudad se abrieron y salió marchando el Ejército de Luz, dirigido por un Rey de tal esplendor, que la horda enemiga tuvo que protegerse los ojos. Los revividos se mezclaron con el Ejército de Luz y entablaron batalla con el enemigo. Tres días y medio más tarde, la guerra había terminado. El enemigo estaba destruido y los triunfantes entraron en la Ciudad de Dios para lo cual habían sido escogidos, desde antes de la fundación del mundo.
Nuevamente fui llevado para leer otra placa grabada con otras palabras del Apocalipsis:
Y vi un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carne de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.”
Vi un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañara más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo. Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”
Cuando hube acabado de leer esto, tan abruptamente como había venido a mí el sueño, éste terminó, dejándome un profundo sentimiento de temor reverencial, una nueva consciencia de las tendencias ocultas en mi propia vida, y un renovado deseo de buscar y conocer a Dios en espíritu y en verdad.
Nunca antes había sido tan claro para mí, que dos avivamientos están en progreso sobre la tierra. Uno es el avivamiento del Espíritu de Dios, por medio del cual, los hombres y mujeres muertos en sus delitos y pecados, son libertados de ellos por la sangre del Cordero y levantados a una vida que es la vida de los hijos de Dios; una vida que produce la naturaleza de Dios y manifiesta la misericordia de Dios. El otro avivamiento es el avivamiento de la religión carnal, el que es tan atractivo, reúne tales multitudes y ejerce tal poder en éste mundo porque ofrece todo el consuelo de la religión, mientras que al mismo tiempo permite al hombre conservar; para sí mismo, su ego y todos sus derechos.

Ciertamente cada uno de nosotros necesita decidir a cuál de estos dos avivamientos quiere pertenecer. ¿Invertiré mi vida en alguna empresa exitosa en Ciudad Cristiana? ¿Perderé mi vida siguiendo la voluntad del Dios de misericordia? ¿Me concentraré en edificar algo que haga que los ciudadanos de Ciudad Cristiana se detengan y admiren? ¿Gastaré mi vida llevando a los pobres, lisiados, los cojos y los ciegos a la mesa del Señor?

Por: Robert E. Burnell

5.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

4.- LA SIEGA


          Al llegar al extremo lejano del Desierto de la Oración, el viajero de mi sueño, por fin se está dando cuenta clara de su destino. A lo lejos, radiante de esplendor, está la Ciudad de Dios. Visiblemente conmovido por la emoción, camina más rápidamente. De repente se encuentra con una terrible peste y cuerpos que se quejan. Hay cadáveres por todos lados. Los cuerpos que todavía tienen vida, gimen pidiendo ayuda.
Una mujer, doblada por el dolor, implora al viajero, “Por favor, por favor, has algo por mí. ¡Ya no puedo aguantar éste dolor!”
No puedo hacer nada”, le contesta, ¿Qué crees que podría hacer por ti?”
Un poco de agua es todo lo que necesito. Por favor, tráeme un poco de agua.”
Y ¿Dónde voy a encontrar agua en éste desierto?”
¿Cuánto tiempo piensas que sobrevivirás, le contesta, a no ser qué encuentres agua para ti mismo? Por favor, busca un poco de agua y tráemela.”
Mientras el viajero, bastante perplejo, echa un vistazo por el desierto, su misteriosa acompañante regresa y lo lleva a un manantial que se encuentra rodeado de muchos frascos.
Bebe un poco tú mismo”, le sugiere, “y luego llena un frasco para la mujer.” Después de beber el agua, el viajero inmediatamente se siente fortalecido y le lleva agua a la mujer. Para cuando termina de beber, su salud ha sido restaurada. Ella, inmediatamente toma el frasco y corre al manantial y empieza a ayudar a sus vecinos. Hay hombres y mujeres con heridas profundas, niños desmayados boca arriba, respirando rápidamente y ancianos con vendas sucias alrededor de sus cansado rostros. Algunos gritan de dolor y otros lloran calladamente. Unos reviven con solo un frasco de agua; otros necesitan muchos más. Otros viajeros también se ocupan en éste esfuerzo. Las víctimas que ya han sido sanadas, participan en el trabajo de levantar a otros. Mientras ellos llevan agua del manantial, el viajero comparte éste pasaje del evangelio de Juan, con un hombre: “Entretanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.”
Creo que ya me estoy dando cuenta lo que esto significa”, comenta el viajero.
Pasa varios días involucrado en el trabajo de revivir gente en ese lugar. Un día, cuando está descansando junto al manantial, su acompañante regresa y se sienta junto a él.
¿Supongo que no podremos proseguir a la ciudad de Dios hasta que hayamos acabado?”
Así es”, le contesta ella.
Pero, ¿Nos seguirán esperando?”
No te preocupes. Continúa reviviendo gente hasta que todos se hayan puesto en pie. Entonces las puertas de la Ciudad de Dios serán abiertas y sus habitantes saldrán y te escoltarán. Recuerda esto.”
¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.”
Pero las necesidades son tan enormes que ya me empiezo a sentir abrumado. El gozo que siento por ver las restauraciones que toman lugar frente a mis ojos, es desplazado, hasta cierto punto, por éste vasto mar de desesperación. ¿Qué nunca se acabará esto?”
Hermano”, le contesta su acompañante, “así como tuviste que perderte en el perdón de Dios y en Su adoración y en la oración, ahora te estás perdiendo en La Siega. Una cosa es salpicarte un poco, y otra cosa completamente diferente, es perderte en ella.”
Pero, ¿Cómo voy a tener fuerzas para seguir trabajando entre gente que tiene tantas necesidades?”
¿Qué no es precisamente, lo que hizo Jesús?”
Y aconteció que estando Él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a los justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.”
Debe haberse desanimado bastante, ¿No?”
Jesús lloró sobre Jerusalén por la dureza de su corazón. Obviamente el aliento más grande que Él recibió de los humanos, fueron éstos pecadores arrepentidos. Nunca se cansó de ellos. Te puedes entregar confiadamente a ésta siega, sin temor a sentirte abrumado por ella, siempre y cuando mantengas tú visión de la Ciudad, y hagas todo tu trabajo con todo tú corazón. El Espíritu del Señor te sostendrá, sí tienes cuidado de escuchar a éstas personas, como Jesús escuchó a la mujer del pozo, a los leprosos, a los cojos, los ciegos y al padre del niño endemoniado. No tengas prisa. Toma tiempo para escuchar y hacer las preguntas correctas. Averigua dónde están dolidos y lo que realmente necesitan. Además, debes hablarles de Jesús mientras haces tus recorridos con tu frasco. El agua que llevarás en tu frasco y el mensaje son idénticos. Ésta gente moribunda está sedienta de Jesús, no de teoría acerca de Él, sino de Jesús mismo. El mensaje de Jesús es un trago de agua refrescante que les devuelve la vida. Recuerda el versículo: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.” No te sientas satisfecho sino hasta que la misericordia de Dios los haya levantado a todos sobre sus pies.”
Si. Medita sobre éste pasaje de Apocalipsis: “Y vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: ¡He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como Su Dios! ¡Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron!”

Al ir experimentando el trabajo de La Siega, y descubriendo que de hecho puedes levantar sobre sus pies a éstos seres que perecen, dándoles agua viva del manantial divino, Jesús, tendrán inmenso gozo. Las experiencias del Desierto del Perdón, la Adoración a Dios y la Oración, habrán desatado el poder para sanar a los enfermos en el nombre de Jesús.” “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre.” “El reto es resistir.”

miércoles, 6 de agosto de 2014

Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal

Génesis 1  11 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. 12 Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. 13 Y fue la tarde y la mañana el día tercero.

29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. 30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. 31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

Génesis 2  8 Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. 9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

"Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal = Modelo Bíblico de la Ley"

¿Por qué ponerlo al alcance de la mano?   ¿Por qué hacerle nacer de la tierra y ponerlo en medio del huerto?


¿Cuál es la razón de la prohibición?
¿Probarlos?   ¿Tentarlos?
Eso contradiría, rebatiría, rechazaría, desmentiría, negaría, Su mismo carácter.           Una contradicción a Su misma Esencia y Naturaleza.

"Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie;" 
Santiago 1:13

¿Cuál es el Orígen de la Tentación?  ¿Cómo es qué Opera?

Ephytimia (del griego que significa, Anhelo, Añoranza, Deseo)
Enfatiza en el propio deseo maligno. Nuestras inclinaciones o motivos pecaminosos.
La acción de la tentación es a rastras.  Y para atraer a... (De la manera en que se es arrastrado por un depredador, o atraído por un señuelo).

Lo que No dice: "Te Mataré."

Notar que es Presente Perfecto: "Estarás muriendo."

viernes, 1 de agosto de 2014

Varón Conforme a Mí Corazón

Después, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces, hasta el profeta Samuel. Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años. Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mí corazón, quien hará todo lo que yo quiero.” 
 (Libro de los Hechos 13:20-22)

          Estoy seguro que ninguno de nosotros hubiera elegido a David como sucesor de Saúl al ver sus acciones. Pero mi pregunta es: ¿Cómo puede llamarlo Dios varón conforme a mi corazón? ¿Qué no vio Dios sus acciones, su comportamiento, su pecado? ¿Cómo midió Dios la espiritualidad de éste hombre? ¿En qué se basó para tomar tal determinación y llamarlo de tal forma? Creo que el hecho de considerar y examinar nuestro corazón va de la mano. Dios ve el corazón, la actitud de nuestro corazón. Él ve y conoce que es la verdadera cosa que nos mueve o motiva a hacer las cosas. ¡Gloria a Dios por ello! Qué bueno que no es por nuestras acciones o cosas que hacemos o dejamos de hacer.

¿Qué fue lo que hizo David para ganarse ese título? ¿Qué Dios no se había fijado en el adulterio, en el asesinato, en que por su culpa murió mucho pueblo por causa de desobedecer con el asunto del censo? ¿Qué vio Dios en el corazón de David para que lo llamara “varón conforme a mí corazón”? ¿Sus actos? ¿Sus pecados? Obviamente no. Tú y yo no lo hubiéramos elegido. Pero ¿Qué vio Dios en Él? Su corazón. Su interior. Su intimidad. Algo que Tú y yo difícilmente descubriremos. ¿O si?