!Bievenidos!

¡BIENVENIDOS!


Temas para controversia, pero que con una mirada avizora en la fuente de inspiración que es la Biblia, éstos, pueden ser de mucho provecho. Al menos, el intento de poner en balanza, o conceder el beneficio de la duda, en cada tema. La intención es hacer uso de lógica y razón.

Por razón de diseño del blog, no es posible dar el orden querido y debido a los temas. Recomiendo ver en el sig orden: Definiendo. El Viaje. Árbol del Conocimiento.

Tengo activado un Traductor.

Intentaré a menudo estar poniendo al día nuevos agregados a los ya existentes, o nuevos temas, u otros tópicos que pueda considerar de utilidad. ¡Gracias por visitarme! Aviso que filtraré los comentarios, porque no tiene caso publicar tonterías, denostaciones, groserias. Buscaré dar respuesta a los comentarios negativos, sea para aclarar o reconocer alguna falla o error. Espero que sea de utilidad:

berihuevas

miércoles, 10 de septiembre de 2014

¿Fetidez o Perfume?

¿Glade?

Llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos,” 2 Corintios 4:10.

Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” 2Corintios 2:15-16.

“Todo es hermoso en la superficie, pero dentro, abajo, hay oscuridad, calor, terror y hedor.” (El eco del Antihombre Weston a Ransom, en Perelandra, por C.S. Lewis).

¿Qué es lo que tienes para manifestar, olor de vida, olor de Cristo en tí, u olor de muerte, de perdición?
Lo que comes, es lo que exudas. Y para ejemplificarlo, has la prueba comiendo ajo: la gente tenderá a no acercarse a tí. Si has comido y continúas comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal, emitirás olor de muerte, de perdición. Es un principio bíblico fundamental. “Lo que siembras, cosechas.” Emanarás olor a muerte si lo que consumes está muerto. Pero por el otro lado, comer del árbol de la vida, hace que exhales vida, desprendas o despidas olor a Cristo.
Si lo que tienes para ofrecer es un estilo de vida caracterizado por religiosidad, sistematizado, metodizado, basado en tú esfuerzo propio, quizás esté enmascarado por una “embarrada” de Cristo, pero al final, el hedor será insoportable.
Yo solo quiero preguntarte: ¿La última vez que comunicaste el mensaje del evangelio, la gente fue atraída por el olor fragante que emanas, de un estilo de vida cimentado en el reino de Dios, o la gente rechazo la fetidez, el miasma, la podredumbre del estilo de vida religioso que vives? ¿Puedes distinguir un cosa de la otra?

Dos problemas:

Una de las cosas más tristes es el abaratamiento del mensaje, la depreciación que hemos hecho de él, para lograr atraer a los no convertidos, a nuestros “clubcitos,” “reunioncitas,” “desayunitos o cafecitos,” e “iglesitas y templitos,” so pretexto de alcanzarles para Cristo (hacerles miembros, adherentes, cofrades, afiliados, socios,  de nuestras denominaciones, religiones, les llamaría yo). La verdad que lo último en que se piensa, es en ello. Se trata de hacerles engrosar las filas para convertirles en un número más, en un “hermanito” más, en la posibilidad de una ofrenda o diezmo mayor. Y si con ello se consigue que se “salve” un alma, pues ¡Gloria a Dios! Pero el objetivo primario es otro. No nos engañemos.
Me he dado cuenta en el transcurrir de los años, que la mayoría de la gente que se llaman a sí mismos de agnósticos, ateístas, deístas, no es que rechazan a Dios, sino la envoltura (normalmente religiosa) con que los “cristianos,” hemos envuelto a ese Dios. Rechazan las formas no el fondo, la religiosidad tan intrínseca, que expelemos. De lo que ahuyentan es del “glassé” con el que recubrimos, el mensaje del evangelio del reino. El betún estilo “Pasteles mi Alegría, o Pasteles Somosierra.” Y como la línea de distinción para muchos de ellos es muy fina, confunden la tal cubierta con el pan, porque de hecho es casi como uno solo, aunque no sea así. Quieren Dios, exento de formas, sin moldes. Quieren un estilo de vida que refleje el carácter de ese Dios, que no presenta cambios, ni sombra de variación, un Dios que ofrece fundamentos firmes, sólidos, resistentes. En fin, un Dios absoluto y de absolutos. Pero ¿Qué tenemos para ofrecer a los hambrientos: Pan o betún? ¿La sensación aireada que se produce al batir las claras con el azúcar, o lo sustancioso?
El otro problema, tiene que ver con la palabra evangelizar.
¿Qué es lo que la gran mayoría de los cristianos interpretan por la palabra evangelizar?
Y dependiendo de las denominaciones, las respuestas pueden ser muy variadas:

  • “Habrá un desayuno o cafécito de evangelización.”
  • ”Te invito al culto de tal día.”
  • “Vendrá un eminente predicador.”
  • “Ven, para que platiques con el pastor, ministro o líder.”
  • “Ven a la iglesia (al templo).”
  • “Habrá una célula de estudio bíblico.”
  • “Te voy a prestar un cd o dvd de alguna predicación o alabanza.”
  • “Lee éste folleto, panfleto, tríptico.”
  • “Habrá un evento, conferencia en el estadio o en el salón de tal hotel.”

“La misma gata, pero revolcada,” reza el dicho.

La misma agua estancada.
Hedionda, fétida. Sin vida.

Brochazos de algo que pretende ser amistad y comunidad. Pinceladas de pertenencia.
Me encantan los aromatizantes del ambiente para el Wc: “Manzana y canela,” o “Delicia Alpina,” que pretenden encubrir el olor a excremento. Intentos de dulcificación, de paliativos: Pero el aroma a porquería persiste, no desaparece. Se mezcla en una mistura extraña, repugnante. ¡Mmmmmm!
Y luego nos preguntamos: ¿Por qué la gente rechaza a Dios, por qué no quieren asistir?
¡Tontos! Lo que rechazan es la mezcolanza, el popurrí, el revoltijo. Porque allí no hay olor de vida, ni fragancia, efluvios o emanaciones de Cristo. Tan solo el persistente aroma a bosta, mezclado con el cóctel.
Sigue teniendo vigencia aquello que comunicaba a sus discípulos el predicador: “En todo tiempo predica, y si es necesario usar palabras, pues úsalas.
¿Qué ven los no creyentes en tí? ¿Es tu vida un reflejo fiel del caracter de Cristo? ¿Es la realidad: Vive Cristo en Mí?
Triste escuchar, cuando ha acontecido con muchos de mis amigos, cuando intentan compartir el mensaje del evangelio con algún no convertido, la respuesta; ante la interrogante del ¿Por qué no quieren convertirse? -”¿Para qué, para ser como tú, o vivir una vida como la tuya?”- De pena, ajena. ¡Jesús del huerto, Jesús mil veces,! solía decir mi abuela.
Son las emanaciones religiosas, carentes de vida, producto de haber comido del árbol del conocimiento del bien y del mal lo que rechazan los “otros.” Exhalaciones de perdición.
Pero si Cristo, es el fruto de vida que consumimos normalmente, lo que expeleremos, será olor fragante, de vida. La gente vendrá por sí sola, como con aquella mujer que ganó todo su pueblo:

“Y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” Evangelio de Juan 4:42.

¡Enfrentémoslo ahora! Delante del trono, será inútil.
¿Cristiandad o cristianismo sin vida, mera religión, religiosidad flagrante?
¿Cuál es la realidad diaria de tu vida?

Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan,” 2 Corintios 2:15.

Y percibió Jehova olor grato;” Genésis 8:21.


¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, Y el olor de tus ungüentos que todas las especies aromáticas!” Cantares 4:10.

Tiempo Devocional

Tiempo Devocional


Estad quietos y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.”
Salmos 46:10

Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis.”
Isaías 30:15.

No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.”
Gálatas 2:21.

Consiguientemente, tal como hemos venido definiendo anteriormente la palabra religiosidad, como todo intento de volver a unir, o de volver a juntar, o conectar la relación que con Dios se hallaba rota, entonces, ¿Cómo llamarías tú, a los siguientes experimentos?:

  • a.- ¿Intentar recompensar de alguna manera, lo recibido?
  • b.- ¿Querer retornar por medio de un acto “bueno,” de voluntad, un acto “espiritual,” los favores obtenidos?
  • c.- ¿Esforzarse por agradar a la divinidad, mediante obras, sacrificios, abnegación, oblaciones, ofrendas?
  • ch.- ¿Al hacer un esfuerzo de la voluntad por demostrar nuestro reconocimiento, gratitud o agradecimiento?
  • d.- ¿Al “devolverle,” o desear retornar algo de lo que Él, ha hecho?
  • e.- ¿Al cumplimiento (o intento de “morondanga”) cabal de cumplir con los mandatos?
  • f.- ¿Al ahínco, el tesón, el empeño, el afán, la tenacidad, el desvelo, a la voluntad sobre la base de tu propia conducta?
  • g.- ¿A la determinación de la mente, de la voluntad, de los sentimientos, de las emociones de que por medio de la ley (de guardarla, de cumplirla en cabalidad), podemos caminar con Dios?
  • h.- ¿A la canalización de todo talento y capacidad en afanarse por guardar todo mandato, estatuto, ley, y tilde de los mandamientos?
  • i.- ¿A la serie de “requisitos” necesarios para vivir una vida en comunión con Él, o de permanencia (palabra en la cual existe tremenda confusión, sobre su significado, y la enorme connotación emocional y religiosa de la palabra permanecer = mantener, quedar, estar), que sobreentienden como “algo” que hay que hacer; al listado de condiciones; al repertorio de mandamientos; al inventario de estatutos; a la letanía de métodos y sistemas; a la manía de la gente de agregar ese “algo,” que piensan es necesario, imperioso, apremiante, perentorio, acuciante, urgente, ineludible, urgente, y que nada tiene que ver con el significado real de la palabra en sí, que nada conlleva en sí de actividad alguna?
  • j.- ¿A la disciplina diaria, a la “justicia” propia para encontrar la aceptabilidad de Aquél que ha hecho posible por Sí mismo, la dicha aprobación, admisión, consentimiento, bienvenida, acogida?
  • k.- ¿Al enfatizar lo “bueno,” al hacernos justos en nuestra propia opinión?
  • l.- ¿A toda desfiguración, copia, calca, edulcoración del mensaje centrado en la única obra aceptable del que murió por nuestra culpa (real y no solo moral) y que por tal medio, obtenemos gratuitamente, sin necesidad de pago alguno, de obra alguna, de sacrificio alguno, de intento, esfuerzo, o trabajo alguno para obtener la misericordia y la gracia necesarias para ser aceptos en el Amado?
  • m.- ¿A la base de algo que no es Jesús, que no es el Camino, que no es la Verdad, y por lo tanto, no es Vida, sino mentira y muerte?
  • n.- ¿A los logros intelectuales, la memorización de pasajes bíblicos; el evangelismo y el discipulado; la asistencia a los cultos, y; los tiempos obligatorios de oración y estudio bíblico; al cumplimiento cabal de “Los 7 minutos con Dios,” de una forma mecánica; al “deber” y “tener”, en lugar de querer, desear, anhelar, ansiar, apetecer, ambicionar?
  • ñ.- ¿Al legalismo que mantiene la carne viva y en control, impidiendo toda obra del Espíritu, toda dirección y control de Su parte?

Si tuvieras que definir y resumir en pocas palabras todo lo anteriormente dicho, ¿Qué nombre le darías a éste particular tipo de cuestiones? ¿Podrías acaso, otorgarle el nombre de gracia
 Evidentemente que no.
¿Destacarían los nombres de merecimiento, premio, derecho, mérito, estimación, logro, recompensa, galardón?
Por supuesto que si.

Al cuestionar reciamente a varios amigos acerca de cómo mantener una relación personal con Dios, todos ellos concuerdan, en que se logra por medio de la oración y la lectura de la palabra (la Biblia). Pero al continuar la indagatoria (con la consecuente molestia del no tener argumentos, o no saber defender su punto de vista), acerca de cómo era que los primeros discípulos, las primeras iglesias (o comunidad de creyentes) lograban ésto, teniendo en cuenta que:

  1. Eran hombres sin letras y del vulgo.
  2. Tenían trabajos normales como el tuyo y el mío, que exigía más de 12 hrs. diarias de labores
  3. Las poquísimas (escasas) copias que existían de las Escrituras, casi todas ellas realizadas en papiros o rollos, se conservaban en las sinagogas, lo que dificultaba el acceso de las masas.
  4. ¿Tendrían el tiempo los sacerdotes o ministros de culto para atender a c/u en lo particular, a que asistieran y les leyeran porciones de ellas? ¿y qué si eran cientos de ellos, acaso los sacerdotes o escribas lo hacían singularmente con cada uno de los peticionarios?
  5. El advenimiento de la imprenta (En aprox. el año 1440; y aún en años posteriores, los libros se difundían en copias manuscritas por escritores, muchos de los cuales eran monjes y frailes dedicados exclusivamente al rezo y a la réplica de ejemplares por encargo del propio clero o de reyes y nobles. A pesar de lo que se cree, no todos los monjes copistas, sabían leer y escribir. Realizaban la función de copistas, imitadores de signos que en muchas ocasiones no entendían, lo cual era fundamental para copiar libros prohibidos, de medicina interna o de sexo) , trajo consigo, acceso libre a las Escrituras, en la propia lengua, pero los precios eran altísimos por cada libro publicado, lo cuál hacía muy difícil la adquisición de ellas.
  6. Fue hasta mediados de 1950, todavía se seguían leyendo las Escrituras en latín y estaba prohibido por la Iglesia Católica leer o hacer la propia interpretación de las Escrituras, sin ayuda de un sacerdote.
  7. ¿Qué de los países totalitarios, o con regímenes militares o los antiguos países de la “cortina de hierro,” donde tener una Biblia equivalía a tener droga, o simplemente no tienes acceso a ella?
  8. ¿Y en muchos delos países musulmanes (sobre todo los fundamentalistas), donde la posesión de la Biblia trae consigo ejecución?
  9. Y aunque en su mayoría, las Escrituras han sido traducidas a casi toda lengua y dialecto existente, ¿Qué durante el tiempo en que no se tuvieron? (Porque básicamente las traducciones a la mayoria de dialectos) fueron hechas durante el siglo XX).
Con todo ésto en mente, reitero la pregunta: ¿Qué se necesita hacer para tener o mantener una relación personal con Dios? ¿Cómo hacían los primeros cristianos para lograrlo en base a tú respuesta? Sí tuvieras que medir en base a la respuesta que mis amigos daban, ¿Podrías determinar la clase de relación que una persona podría mantener en lo siglos previos a la imprenta? ¿Era posible de acuerdo con esa premisa con que partimos? ¿Dirías que en realidad “mantenían” esa relación? ¿Podrías sustentar o no, tus afirmaciones, considerando todas estas interrogantes?

Si no, entonces, ¿Qué es tener una relación personal con Dios?

La otra respuesta que recibía, era: mantener un Tiempo Devocional con Dios (o “7 minutos con Dios,” de acuerdo con el famoso folleto), (una ligera variante, pero con un término aún más connotativo). Palabras con una enorme carga de “espiritualidad,” pero que conllevan al mismo punto de partida. ¿Y cómo hacían los integrantes de la primera iglesia, para mantener ese “tiempo devocional,” sin tener acceso directo a las Escrituras? ¿Cómo lo llevaban al cabo? Nada les impedía el orar (hablar directamente con Dios). Pero sin tener acceso directo a la Palabra de Dios, ¿Cómo se comunicaba Dios con ellos? ¿Cómo recibían respuestas? Probablemente argüirás: Por el Espíritu Santo, y ciertamente una de las razones por lo que nos fue dado fue ello:

Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quién el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Evangelio de Juan 14:26.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir,” Evangelio de Juan 16:13.

Pero siendo honestos: ¿Es esa la enseñanza de la iglesia en general? ¿La total y completa dependencia del Espíritu Santo? ¿No es acaso, la dependencia del líder, ministro o pastor, por encima de Dios, en aras de guardar la sana doctrina?

¿Acaso métodos y sistemas habrán superado la realidad de lo que verdadera y bíblicamente significa relación personal con Dios? ¿Será posible que la hayan rebasado, sobrepasado? Y tristemente debemos responder, Sí. ¿No será que las formas han traspasado el fondo del asunto? Desafortunadamente de nuevo la respuesta es positiva. Tiene más peso la forma que a alguna persona le funcionó en un momento dado de la historia, y ahora “debe” aplicar a todo creyente que se precie de serlo. Porque si vuelvo a cuestionar: ¿Cómo es que mantienes una relación con Dios? Y eres honesto con la respuesta, te darás cuenta que no hay muchas opciones.
¿Será factible medir el efecto de una respuesta tan a la ligera, mecánica, sistematizada, metodizada, reglamentada y dimensionarlo a lo largo de los siglos, sin que con ello afecte la verdad absoluta, con todas sus implicaciones? ¿Será que existe alguna otra “forma” de tener relación con Dios, que por falta de verlo en el día a día, nos haya cerrado a ésa única manera de llevarse al cabo?

¿Qué tal el ejemplo de Cristo?

Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo, Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseño a sus discípulos.” Evangelio de Lucas 11:1

Tengo importantes cuestionamiento al respecto: Si la oración es la parte más importante de la comunicación con Dios, ¿Por qué entonces Jesús no enfatizó en ello con sus discípulos, con el mismo énfasis que lo hace la iglesia hoy día? ¿Por qué el descuido o negligencia de parte de Jesús, si es una doctrina tan “esencial” (y con ello me refiero a la connotación que se le ha dado a lo largo de la historia)? Y la alusión a que en éste punto de la historia, ¿Él hacía oración, pero al parecer, por lo que se concluye del relato, Jesús, no se había detenido a hacer un “estudio”, “o tener un congreso o seminario”, del asunto en cuestión, ni mucho menos tomado anteriormente el tiempo para tan importante enseñanza? ¿Por qué tuvo que venir una petición de parte de ese discípulo, a una doctrina tan esencial, repito, como es considerada en la iglesia, de ser enseñado a orar? Debemos notar que era algo que Juan hacía y enseñaba como parte de su doctrina o entrenamiento de sus discípulos.
Y que conste claramente, que NO estoy diciendo que la oración no sea importante, o no tenga valor alguno ¿eh? Critico, como Jesús lo hacía ante la forma fariséica, la forma mecanizada, muerta, sin valor, sin sentido, de la oración hecha porque “se debe hacer,” “se tiene que hacer,” o “se debe cumplir con ello.” Sea como requisito de tener comunión con Dios, relación con Dios, o como le quieras llamar.

¿Oras y lees, por qué amas estar con el Señor, o meramente lo haces por disciplina, por sistema, porque te sientes mal si no lo haces, o crees o piensas que no serás bendecido? ¿Anhelas estar ante Su presencia, tomando lo que tiene para ofrecer, como lo hace una rama del tronco, o por qué es la “única” manera de tener comunicación con Él? ¿Apeteces como el salmista, estar ante su presencia, en sus atrios, o lo haces porque es lo correcto? ¿Ansías su compañia y eres sabedor de que la oración es la que te cambia a tí, o porque necesitas recompensar lo recibido? ¿Es conformarte a las reglas o apetencia por la fuente de aguas vivas? ¿Es por pretexto, como criticaba Jesús a a los escribas, o por qué apeteces la compañía del Padre?

Y si no, entonces debemos reconsiderar las implicaciones de ciertos tipos de enseñanza, que tienen un pobre sustento bíblico.