Tiempo
Devocional
“Estad quietos y
conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones;
enaltecido seré en la tierra.”
Salmos 46:10
“Porque así dijo
Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis
salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis.”
Isaías 30:15.
“No desecho la
gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por
demás murió Cristo.”
Gálatas 2:21.
Consiguientemente, tal como
hemos venido definiendo anteriormente la palabra religiosidad, como
todo intento de volver a unir, o de volver a juntar, o conectar la
relación que con Dios se hallaba rota, entonces, ¿Cómo llamarías
tú, a los siguientes experimentos?:
a.- ¿Intentar
recompensar de alguna manera, lo recibido?
b.- ¿Querer retornar
por medio de un acto “bueno,” de voluntad, un acto “espiritual,”
los favores obtenidos?
c.- ¿Esforzarse por
agradar a la divinidad, mediante obras, sacrificios, abnegación,
oblaciones, ofrendas?
ch.- ¿Al hacer un
esfuerzo de la voluntad por demostrar nuestro reconocimiento,
gratitud o agradecimiento?
d.- ¿Al “devolverle,”
o desear retornar algo de lo que Él, ha hecho?
e.- ¿Al cumplimiento
(o intento de “morondanga”) cabal de cumplir con los mandatos?
f.- ¿Al ahínco, el
tesón, el empeño, el afán, la tenacidad, el desvelo, a la
voluntad sobre la base de tu propia conducta?
g.- ¿A la
determinación de la mente, de la voluntad, de los sentimientos, de
las emociones de que por medio de la ley (de guardarla, de cumplirla
en cabalidad), podemos caminar con Dios?
h.- ¿A la canalización
de todo talento y capacidad en afanarse por guardar todo mandato,
estatuto, ley, y tilde de los mandamientos?
i.- ¿A la serie de
“requisitos” necesarios para vivir una vida en comunión con Él,
o de permanencia (palabra en la cual existe tremenda confusión,
sobre su significado, y la enorme connotación emocional y
religiosa de la palabra permanecer = mantener, quedar, estar), que
sobreentienden como “algo” que hay que hacer; al listado de
condiciones; al repertorio de mandamientos; al inventario de
estatutos; a la letanía de métodos y sistemas; a la manía de la
gente de agregar ese “algo,” que piensan es necesario,
imperioso, apremiante, perentorio, acuciante, urgente, ineludible,
urgente, y que nada tiene que ver con el significado real de la
palabra en sí, que nada conlleva en sí de actividad alguna?
j.- ¿A la disciplina
diaria, a la “justicia” propia para encontrar la aceptabilidad
de Aquél que ha hecho posible por Sí mismo, la dicha aprobación,
admisión, consentimiento, bienvenida, acogida?
k.- ¿Al enfatizar lo
“bueno,” al hacernos justos en nuestra propia opinión?
l.- ¿A toda
desfiguración, copia, calca, edulcoración del mensaje centrado en
la única obra aceptable del que murió por nuestra culpa (real y no
solo moral) y que por tal medio, obtenemos gratuitamente, sin
necesidad de pago alguno, de obra alguna, de sacrificio alguno, de
intento, esfuerzo, o trabajo alguno para obtener la misericordia y
la gracia necesarias para ser aceptos en el Amado?
m.- ¿A la base de algo
que no es Jesús, que no es el Camino, que no es la Verdad, y por lo
tanto, no es Vida, sino mentira y muerte?
n.- ¿A los logros
intelectuales, la memorización de pasajes bíblicos; el evangelismo
y el discipulado; la asistencia a los cultos, y; los tiempos
obligatorios de oración y estudio bíblico; al cumplimiento cabal
de “Los 7 minutos con Dios,” de una forma mecánica; al “deber”
y “tener”, en lugar de querer, desear, anhelar, ansiar,
apetecer, ambicionar?
ñ.- ¿Al legalismo que
mantiene la carne viva y en control, impidiendo toda obra del
Espíritu, toda dirección y control de Su parte?
Si tuvieras que
definir y resumir en pocas palabras todo lo anteriormente dicho, ¿Qué
nombre le darías a éste particular tipo de cuestiones? ¿Podrías
acaso, otorgarle el nombre de gracia?
Evidentemente que no.
¿Destacarían los nombres
de merecimiento, premio, derecho, mérito, estimación, logro,
recompensa, galardón?
Por supuesto que si.
Al cuestionar reciamente
a varios amigos acerca de cómo mantener una relación personal con
Dios, todos ellos concuerdan, en que se logra por medio de la
oración y la lectura de la palabra (la Biblia). Pero al continuar
la indagatoria (con la consecuente molestia del no tener argumentos, o no saber defender su punto de vista), acerca de cómo era que los primeros discípulos, las
primeras iglesias (o comunidad de creyentes) lograban ésto, teniendo
en cuenta que:
Eran hombres sin letras
y del vulgo.
Tenían trabajos
normales como el tuyo y el mío, que exigía más de 12 hrs. diarias
de labores
Las poquísimas
(escasas) copias que existían de las Escrituras, casi todas ellas
realizadas en papiros o rollos, se conservaban en las sinagogas, lo
que dificultaba el acceso de las masas.
¿Tendrían el tiempo
los sacerdotes o ministros de culto para atender a c/u en lo
particular, a que asistieran y les leyeran porciones de ellas? ¿y
qué si eran cientos de ellos, acaso los sacerdotes o escribas lo
hacían singularmente con cada uno de los peticionarios?
El advenimiento de la
imprenta (En aprox. el año 1440; y aún en años posteriores, los libros se difundían en copias manuscritas por escritores, muchos de los cuales eran monjes y frailes dedicados exclusivamente al rezo y a la réplica de ejemplares por encargo del propio clero o de reyes y nobles. A pesar de lo que se cree, no todos los monjes copistas, sabían leer y escribir. Realizaban la función de copistas, imitadores de signos que en muchas ocasiones no entendían, lo cual era fundamental para copiar libros prohibidos, de medicina interna o de sexo) ,
trajo consigo, acceso libre a las Escrituras, en la propia lengua,
pero los precios eran altísimos por cada libro publicado, lo cuál
hacía muy difícil la adquisición de ellas.
Fue hasta mediados de
1950, todavía se seguían leyendo las Escrituras en latín y estaba
prohibido por la Iglesia Católica leer o hacer la propia
interpretación de las Escrituras, sin ayuda de un sacerdote.
¿Qué de los países
totalitarios, o con regímenes militares o los antiguos países de
la “cortina de hierro,” donde tener una Biblia equivalía a
tener droga, o simplemente no tienes acceso a ella?
¿Y en muchos delos países
musulmanes (sobre todo los fundamentalistas), donde la posesión de la Biblia trae consigo ejecución?
Y aunque en su mayoría,
las Escrituras han sido traducidas a casi toda lengua y dialecto
existente, ¿Qué durante el tiempo en que no se tuvieron? (Porque
básicamente las traducciones a la mayoria de dialectos) fueron hechas durante el siglo XX).
Con todo ésto en mente,
reitero la pregunta: ¿Qué se necesita hacer para tener o mantener
una relación personal con Dios? ¿Cómo hacían los primeros
cristianos para lograrlo en base a tú respuesta? Sí
tuvieras que medir en base a la respuesta que mis amigos daban,
¿Podrías determinar la clase de relación que una persona podría
mantener en lo siglos previos a la imprenta? ¿Era posible de acuerdo
con esa premisa con que partimos? ¿Dirías que en realidad
“mantenían” esa relación? ¿Podrías sustentar o no, tus
afirmaciones, considerando todas estas interrogantes?
Si
no, entonces, ¿Qué es tener una relación personal con Dios?
La
otra respuesta que recibía, era: mantener un Tiempo Devocional con
Dios (o “7 minutos con Dios,” de acuerdo con el famoso folleto),
(una ligera variante, pero con un término aún más connotativo).
Palabras con una enorme carga de “espiritualidad,” pero que
conllevan al mismo punto de partida. ¿Y cómo hacían los
integrantes de la primera iglesia, para mantener ese “tiempo
devocional,” sin tener acceso directo a las Escrituras? ¿Cómo lo
llevaban al cabo? Nada les impedía el orar (hablar directamente con
Dios). Pero sin tener acceso directo a la Palabra de Dios, ¿Cómo se
comunicaba Dios con ellos? ¿Cómo recibían respuestas?
Probablemente argüirás: Por el Espíritu Santo, y ciertamente una
de las razones por lo que nos fue dado fue ello:
“Más
el Consolador, el Espíritu Santo, a quién el Padre enviará en mi
nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo
que yo os he dicho.” Evangelio de Juan 14:26.
“Pero
cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad;
porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo
que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir,”
Evangelio de Juan 16:13.
Pero
siendo honestos: ¿Es esa la enseñanza de la iglesia en general? ¿La
total y completa dependencia del Espíritu Santo? ¿No es acaso, la
dependencia del líder, ministro o pastor, por encima de Dios, en
aras de guardar la sana doctrina?
¿Acaso métodos y sistemas habrán superado la realidad de lo que
verdadera y bíblicamente significa relación personal con Dios?
¿Será posible que la hayan rebasado, sobrepasado? Y tristemente
debemos responder, Sí. ¿No será que las formas han traspasado el
fondo del asunto? Desafortunadamente de nuevo la respuesta es
positiva. Tiene más peso la forma que a alguna persona le funcionó
en un momento dado de la historia, y ahora “debe” aplicar a todo
creyente que se precie de serlo. Porque si vuelvo a cuestionar: ¿Cómo
es que mantienes una relación con Dios? Y eres honesto con la
respuesta, te darás cuenta que no hay muchas opciones.
¿Será
factible medir el efecto de una respuesta tan a la ligera, mecánica,
sistematizada, metodizada, reglamentada y dimensionarlo a lo largo de
los siglos, sin que con ello afecte la verdad absoluta, con todas sus
implicaciones? ¿Será que existe alguna otra “forma” de tener
relación con Dios, que por falta de verlo en el día a día, nos
haya cerrado a ésa única manera de llevarse al cabo?
¿Qué
tal el ejemplo de Cristo?
“Aconteció
que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus
discípulos le dijo, Señor, enséñanos a orar, como también Juan
enseño a sus discípulos.” Evangelio de Lucas 11:1
Tengo
importantes cuestionamiento al respecto: Si la oración es la parte
más importante de la comunicación con Dios, ¿Por qué entonces
Jesús no enfatizó en ello con sus discípulos, con el mismo énfasis
que lo hace la iglesia hoy día? ¿Por qué el descuido o
negligencia de parte de Jesús, si es una doctrina tan “esencial”
(y con ello me refiero a la connotación que se le ha dado a lo largo
de la historia)? Y la alusión a que en éste punto de la historia, ¿Él hacía oración, pero al parecer, por lo que se concluye del
relato, Jesús, no se había detenido a hacer un “estudio”, “o
tener un congreso o seminario”, del asunto en cuestión, ni mucho
menos tomado anteriormente el tiempo para tan importante enseñanza?
¿Por qué tuvo que venir una petición de parte de ese discípulo, a
una doctrina tan esencial, repito, como es considerada en la iglesia,
de ser enseñado a orar? Debemos notar que era algo que Juan hacía
y enseñaba como parte de su doctrina o entrenamiento de sus
discípulos.
Y que
conste claramente, que NO estoy diciendo que la oración no sea
importante, o no tenga valor alguno ¿eh? Critico, como Jesús lo
hacía ante la forma fariséica, la forma mecanizada, muerta, sin
valor, sin sentido, de la oración hecha porque “se debe hacer,”
“se tiene que hacer,” o “se debe cumplir con ello.” Sea como
requisito de tener comunión con Dios, relación con Dios, o como le
quieras llamar.
¿Oras
y lees, por qué amas estar con el Señor, o meramente lo haces por
disciplina, por sistema, porque te sientes mal si no lo haces, o
crees o piensas que no serás bendecido? ¿Anhelas estar ante Su
presencia, tomando lo que tiene para ofrecer, como lo hace una rama
del tronco, o por qué es la “única” manera de tener
comunicación con Él? ¿Apeteces como el salmista, estar ante su
presencia, en sus atrios, o lo haces porque es lo correcto? ¿Ansías
su compañia y eres sabedor de que la oración es la que te cambia a
tí, o porque necesitas recompensar lo recibido? ¿Es conformarte a
las reglas o apetencia por la fuente de aguas vivas? ¿Es por
pretexto, como criticaba Jesús a a los escribas, o por qué apeteces
la compañía del Padre?
Y si
no, entonces debemos reconsiderar las implicaciones de ciertos tipos
de enseñanza, que tienen un pobre sustento bíblico.
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