3.- EL
DESIERTO DE LA ORACIÓN
El
mar de arena abruptamente termina a las faldas de las ardientes
cordilleras. No hay ninguna vegetación, sólo paredes de ardiente
roca, dura y seca. Los huesos amontonados al pie de la base de la
barrera rocosa son testimonio mudo de los peligros de ésta tierra
desolada. El viajero fija su mirada, al empezar a caminar, en la
estrella en forma de cruz, y se repite a sí mismo: “Entrad
por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el
camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por
ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a
la vida, y pocos son los que la hallan.”
Al
oír voces en la distancia, el viajero sigue el sendero que está al
pie de la montaña y que le lleva hacia ellas. Pero el sendero
abruptamente da vuelta hacia un corte profundo en la montaña. Al
entrar por la apertura, escucha como una voz resuena y reverbera con
tal intensidad que no se pueden distinguir las palabras. Al
internarse más por éste paso en la roca, el viajero se acerca a un
enorme arco de hierro forjado, bajo el cual, un hombre habla a un
grupo formado de hombres y mujeres. “Éste es el camino,
créanme”, les ruega el hombre cuyas palabras ahora son claras.
“La puerta angosta que está a mi izquierda, está tan oxidada que
difícilmente se abrirá. “¿Quién, qué esté en sus cinco
sentidos, querrá ir por ese sendero empinado, cuándo éste, bien
pavimentado y transitado camino, está abierto y disponible? Pasen
por ésta puerta y habrán salido de este desierto antes que se acabe
el día. Buen alimento y una cómoda cama les espera al otro lado.
Se han organizado reuniones de oración en las áreas de descanso,
cada hora, a lo largo del camino.”
Sin
dudar ni un momento, el viajero pasa por debajo del arco y procede
por el camino. Otros se le unen. La ruta por la que ahora camina
es plana y agradable, en contraste con la arena azul por la cual
acaba de pasar con tanto trabajo. Un letrero repite la información
de que hay áreas de descanso cada hora, las cuales constan de
reuniones de oración y un ligero refrigerio. En la primera área
de descanso, platica con una agradable anfitriona. “He caminado
por mucho tiempo, por favor dime a dónde me lleva éste sendero...”
Ella sonríe y contesta, “Llegarás a una hermosa casa, donde se
te cuidará bien. Tu viaje habrá terminado para el atardecer.”
El
viajero continúa caminando, sintiéndose cada vez más perplejo.
Al empezar a caer la tarde y después de un viaje a través de rocas
y árboles, se encuentra en la parte alta de una colina, contemplando
una ciudad.
“Bienvenido”,
exclama un hombre que se encuentra parado debajo de un arco de hierro
forjado, idéntico al arco por debajo del cual pasó anteriormente.
“Gracias,
contesta el viajero, “Pero, ¿En dónde estoy?”
“¡Pues,
en Ciudad Cristiana!”
Sin
decir palabra, el viajero da media vuelta y regresa corriendo por el
mismo camino por donde vino. Una vez que ha dejado a Ciudad
Cristiana atrás, camina más despacio pero no se detiene sino hasta
que llega al otro arco, al final del sendero falso. “Sólo deseo
una cosa”, exclama, “antes de descansar – encontrar
la puerta angosta y entrar por ella.
¿Cómo pude haber sido tan ciego? ¡Desde luego que la puerta
ancha estaba disfrazada por enredaderas y hierbas!”
El
amanecer lo encuentra en un sendero angosto que serpentea entre las
rojas rocas. Se escucha un murmullo como el que hace el viento al
pasar entre los árboles, pero aquí no hay ni árboles ni viento.
El murmullo aumenta de volumen y finalmente se distingue como una
salmodia de muchas voces. Ahora el viajero empieza a darse cuenta
que adelante, por el sendero, va alguna gente. Ha venido a formar
parte de una procesión de gente que se mueve hacia la Ciudad de
Dios. Mientras caminan, van hablando con alguien invisible.
Algunos van llorando. Otros están extáticos. Otros mencionan
los nombres de algunas personas y piden cosas buenas para ellos.
Algunos piden ayuda de sus vecinos que van al frente o atrás de
ellos, pero el enfoque principal de todos ellos está en ese Alguien
Invisible.
El
acompañante misterioso del viajero regresa ahora y le dice: “Aquí
en el Desierto de la Oración, el contraste con Ciudad Cristiana es
extremo. Allá, es cierto que tienen reuniones de oración y la
gente ora antes de acostarse. Cuando la vida se torna difícil, sus
oraciones se intensifican hasta que la crisis pasa. Pero en el
Desierto de la Oración, la
oración viene a ser un estilo de vida –
la fuente de toda la existencia de uno. El tiempo ha llegado para
que Tú
te pierdas en la vida de oración. Medita en éstos pasajes del
evangelio de Lucas”, agrega ella, dándole una hoja de papel en la
cual está escrito: “Aconteció
que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue
bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu
Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del
cielo que decía: Tu eres mi Hijo amado; en Ti tengo complacencia.”
“Pero
su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para
oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Más El se
apartaba a lugares desiertos y oraba.”
“En
aquellos días Él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a
Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a
doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.”
“Y
aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a
Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entretanto
que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido
blanco y resplandeciente.”
“Aconteció
que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus
discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan
enseñó a sus discípulos.”
“Y
saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus
discípulos también le siguieron. Cuando llegó a aquel lugar, les
dijo: Orad para que no entréis en tentación. Y Él se apartó
de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas
oró.”
“Y
cuando legaron al lugar llamado de la calavera, le crucificaron allí,
y a los malhechores, uno a la y otro a la izquierda. Y Jesús
decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
“Una
vida de oración es algo que hacemos solos, sin embargo, nos lleva a
estar en comunión con Dios y con los hombres como ninguna otra cosa
lo puede hacer”, su acompañante le comenta cuando acaba de leer.
“oración es ir a Dios, a la puerta del Padre y pedirle pan para
poder dárselo al
hermano necesitado.
Cuando tocas y continúas tocando, la puerta siempre se abre.
¡Siempre! De esa comunión con Dios surge algo que puedes
compartir
con otros.
Y al compartir lo que Dios te ha dado, tienes comunión con ellos.
Una persona puede disfrutar de ésta comunión, aunque sea algo
torpe, pues la vida de oración liberta
del temor
de lo que la otra gente piensa y del miedo a los propios errores.”
“Pero,
¿Son realmente necesarias para aprender a orar éstas montañas
espectrales, éstos riscos, éste continuo peligro?”, pregunta el
viajero.
“Bueno,
en el pasado tú clamabas a Dios en tus emergencias ocasionales.
Aquí estás aprendiendo a ver la vida como una continua crisis, que
te lleva a buscar a Dios de día y de noche. ¿Y
acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y
noche?
Entre más clara sea nuestra visión de lo que sucede en el mundo –
que tan a la orilla del caos las naciones se encuentran, entre más
entendamos que la única forma de conocer la vida es acercarnos a
Dios el Padre en oración, más clamaremos a Él, noche y día.
Oramos sin cesar porque la crisis de la vida en esta tierra nunca se
acaba.”
“Pero,
¿Por qué tiene que ser tan difícil? Me parece que hasta aquí,
escalar éstas montañas es la parte más ardua de éste viaje.”
“Porque
la oración es nuestro principal trabajo. Se necesita pensar,
concentrarse, una voluntad activa y lo mejor de la fuerza de uno para
santificar el nombre de Dios, la venida del Reino de Dios, para orar
por los obreros de la mies, o para orar por alguna persona en
particular y sus necesidades específicas. Escasamente has empezado
a descubrir las maravillosas cosas que están por suceder en
respuesta a tus oraciones, si es que no dejas de hacerlo.”
“Esto
es bien difícil. Continuar cuando me encuentro tan cansado.”
“Eso
es porque tus oraciones están entrando en una verdadera batalla.
La oración es el campo donde vencemos el mal con el bien. En estas
montañas aprenderás a orar por tus enemigos. El vencer el mal con
el bien comienza al pedir que algo bueno venga a aquellos que nos han
hecho daño.”
El
angosto sendero lleva a un mirador donde el viajero y su acompañante
comparten una comida. Después caminan hasta la orilla del mirador,
donde ella señala hacia la tortuosa senda que desciende por las
montañas que van disminuyendo en tamaño, hasta llegar a un punto en
el horizonte donde llegan a su fin.
¿Ves?
Allá empieza La Siega”, la acompañante del viajero le dice,
mientras señala hacia una vista más allá donde se encuentran.
“Recuerda las palabras que dijo Jesús: “¿No
decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega?
He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque
ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y
recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se goce
juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho:
Uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a
segar lo que vosotros no labrasteis, otros labraron, y vosotros
habéis entrado en sus labores.”
El
viajero mira hacia la distancia mientras que su acompañante continúa
explicando. “Recuerda que en ciudad Cristiana hay una calle ancha
llamada el Boulevard de los Misioneros, bordeada con espaciosos y
bien cuidados edificios y adornada con fuentes, prados y lindos
arbustos. Esos edificios dan albergue a todas las empresas
misioneras conocidas en el mundo cristiano. Allí están los
cuarteles generales para la extensión literaria, oficinas
editoriales para sofisticadas revistas misioneras y pequeñas
oficinas que proveen servicios de cartas para oración, para obreros
menos conocidos. Hay estudios que producen teletones literarios a
nivel mundial y cintas de videos para peticiones misioneras. Hay
instituciones que ofrecen cursos de actualización para los
misioneros que están de vacaciones y un servicio de itinerarios
computarizado para aquellos misioneros que necesitan ampliar su base
financiera. Hay centros de reclutamiento, centros de albergue para
misioneros jubilados y una floreciente compañía de discos. Pero,
últimamente al Boulevard de los Misioneros ha entrado un gran pánico
por unas perturbantes noticias. Se ha oído que un gran grupo de
misioneros ha cometido la imperdonable violación a la etiqueta
misionera: en lugar de tomar como campo misionero los territorios
aprobados en el mundo conocido, los misioneros se han lanzado al
desierto, hacia la Ciudad de Dios.”
“¿Pero,
qué clase de campo misionero es éste desierto?”, pregunta el
viajero. “¿Qué almas van a salvar en el Desierto del Perdón,
además de la suya propia? Y, todos los que se encuentran en el
Desierto de la Adoración, ya han sido avivados por la gloria de
Dios. En el Desierto de la Oración existe una maravillosa comunión
con los otros viajeros, y yo estoy aprendiendo a interceder, pero hay
algunas almas perdidas…”
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