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Temas para controversia, pero que con una mirada avizora en la fuente de inspiración que es la Biblia, éstos, pueden ser de mucho provecho. Al menos, el intento de poner en balanza, o conceder el beneficio de la duda, en cada tema. La intención es hacer uso de lógica y razón.

Por razón de diseño del blog, no es posible dar el orden querido y debido a los temas. Recomiendo ver en el sig orden: Definiendo. El Viaje. Árbol del Conocimiento.

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Intentaré a menudo estar poniendo al día nuevos agregados a los ya existentes, o nuevos temas, u otros tópicos que pueda considerar de utilidad. ¡Gracias por visitarme! Aviso que filtraré los comentarios, porque no tiene caso publicar tonterías, denostaciones, groserias. Buscaré dar respuesta a los comentarios negativos, sea para aclarar o reconocer alguna falla o error. Espero que sea de utilidad:

berihuevas

sábado, 9 de agosto de 2014

7.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

6.- LOS DOS AVIVAMIENTOS


          En éste punto de la jornada del viajero, fui llevado de ese escenario a lo alto de un risco. Allí encontré una placa de piedra, inscrita con las palabras del Apocalipsis capítulo 19: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llamas de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino Él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y Su nombre es: El Verbo de Dios. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De Su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y Él las regirá con vara de hierro.; y el pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en Su vestidura y en Su muslo tiene escrito éste nombre: Rey de Reyes y Señor de Señores.”
Al levantar la vista de la placa, vi, debajo de donde estaba, dos avivamientos que se daba simultáneamente. Ciudad Cristiana estaba experimentando un avivamiento que se manifestaba en un rápido crecimiento masivo. En muy poco tiempo, la población había aumentado diez veces. Edificios se estaban levantando por todos lados. Casas nuevas se extendían por todas las colinas alrededor. Pero el aspecto más dramático del crecimiento de Ciudad Cristiana, era la aparición de magníficas estructuras de iglesias que se elevaban por doquier. Una catedral estaba siendo terminada, la cual tenía una torre de setenta pisos de altura, albergando el transmisor más potente del mundo. Otra iglesia tenía la forma de un gigantesco domo de vidrio, con una plataforma giratoria y sistema de sonido circundante. Lo más inusual, se veía como una cruz levantada, con quince elevadores que transportaban a la gente al santuario que estaba en el brazo de la cruz que daba al lado sur y un restaurante cristiano al lado norte. Había instalaciones para la educación cristiana para todas las edades, desde pre-kinder hasta escuela de graduados; éste grupo patrocinaba centros para retiros, al estilo chalets suizos panorámicos, con amplios auditorios para conferencias.
En Ciudad Cristiana se consideraba que tal crecimiento era una señal de los últimos tiempos. Las listas de los libros más vendidos, indicaban que aquéllos sobre el fin de los tiempos, eran los más populares, después de los manuales cristianos de sexo. Reporteros de todo el mundo estaban allí para escribir artículos sobre el auge que se daba. Los habitantes de Ciudad Cristiana estaban proclamando que, cuando viniera el fin, ellos serían trasladados a la Ciudad de Dios, antes que el caos se desatara.
Al mismo tiempo, al otro lado del desierto, en la lejana Ciudad de Dios, un avivamiento muy diferente estaba dándose, sin ninguno de los adornos de la religión exitosa. Hombres y mujeres moribundos estaban siendo levantados sobre sus pies, como los huesos que Ezequiel vio. Estaban siendo libertados de sus enfermedades, sus pecados y sus prisiones espirituales, con sólo beber el agua de vida que se les compartía y que les traía sanidad. Como si fueran un fuego que se extendía o una inundación, los enfermos estaban siendo levantados. Los obreros que habían pasado años trabajando y viendo resultados muy limitados, encontraban que ahora sólo se necesitaba una gota de agua en la lengua seca de alguien, para levantar a los moribundos, a vida. Y cada día éste proceso se llevaba a cabo con mayor rapidez. Finalmente observé como el último de los cuerpos postrados era levantado a vida. Lo que había parecido un campo de batalla de derrota, había venido a ser el campamento de un poderoso ejército. Repentinamente, un terremoto sacudió el suelo bajo mis pies. El cielo se oscureció y un sonido de guerra retumbó en el este.
Fue entonces cuando vi como Ciudad Cristiana era invadida y destruida. Las magníficas catedrales, la cruz más grande del mundo, los centros para retiro y los auditorios para conferencias estaban siendo hechos añicos y derribados por explosiones ensordecedoras. Los cadáveres de los habitantes que habían creído que escaparían éste holocausto, llenaban las calles. Los ejércitos de destrucción ahora se encaminaban hacia el desierto, escenario del segundo avivamiento. Muy pronto, lo que parecía una horda indestructible estaba rodeando el Desierto del Perdón, el Desierto de la Adoración y el Desierto de la Oración. Un solo rugido como el de una bestia herida, llenó el aire en cuanto la Ciudad de Dios apareció a su vista. La horda se lanzó hacia su meta, para tomar la Ciudad de Dios. Pero cerca del muro de la Ciudad, el ejército de aquellos que habían sido revividos esperaba con gran aplomo. Cuando el enemigo estaba a su alcance, las puertas de la Ciudad se abrieron y salió marchando el Ejército de Luz, dirigido por un Rey de tal esplendor, que la horda enemiga tuvo que protegerse los ojos. Los revividos se mezclaron con el Ejército de Luz y entablaron batalla con el enemigo. Tres días y medio más tarde, la guerra había terminado. El enemigo estaba destruido y los triunfantes entraron en la Ciudad de Dios para lo cual habían sido escogidos, desde antes de la fundación del mundo.
Nuevamente fui llevado para leer otra placa grabada con otras palabras del Apocalipsis:
Y vi un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carne de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.”
Vi un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañara más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo. Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”
Cuando hube acabado de leer esto, tan abruptamente como había venido a mí el sueño, éste terminó, dejándome un profundo sentimiento de temor reverencial, una nueva consciencia de las tendencias ocultas en mi propia vida, y un renovado deseo de buscar y conocer a Dios en espíritu y en verdad.
Nunca antes había sido tan claro para mí, que dos avivamientos están en progreso sobre la tierra. Uno es el avivamiento del Espíritu de Dios, por medio del cual, los hombres y mujeres muertos en sus delitos y pecados, son libertados de ellos por la sangre del Cordero y levantados a una vida que es la vida de los hijos de Dios; una vida que produce la naturaleza de Dios y manifiesta la misericordia de Dios. El otro avivamiento es el avivamiento de la religión carnal, el que es tan atractivo, reúne tales multitudes y ejerce tal poder en éste mundo porque ofrece todo el consuelo de la religión, mientras que al mismo tiempo permite al hombre conservar; para sí mismo, su ego y todos sus derechos.

Ciertamente cada uno de nosotros necesita decidir a cuál de estos dos avivamientos quiere pertenecer. ¿Invertiré mi vida en alguna empresa exitosa en Ciudad Cristiana? ¿Perderé mi vida siguiendo la voluntad del Dios de misericordia? ¿Me concentraré en edificar algo que haga que los ciudadanos de Ciudad Cristiana se detengan y admiren? ¿Gastaré mi vida llevando a los pobres, lisiados, los cojos y los ciegos a la mesa del Señor?

Por: Robert E. Burnell

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