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Temas para controversia, pero que con una mirada avizora en la fuente de inspiración que es la Biblia, éstos, pueden ser de mucho provecho. Al menos, el intento de poner en balanza, o conceder el beneficio de la duda, en cada tema. La intención es hacer uso de lógica y razón.

Por razón de diseño del blog, no es posible dar el orden querido y debido a los temas. Recomiendo ver en el sig orden: Definiendo. El Viaje. Árbol del Conocimiento.

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Intentaré a menudo estar poniendo al día nuevos agregados a los ya existentes, o nuevos temas, u otros tópicos que pueda considerar de utilidad. ¡Gracias por visitarme! Aviso que filtraré los comentarios, porque no tiene caso publicar tonterías, denostaciones, groserias. Buscaré dar respuesta a los comentarios negativos, sea para aclarar o reconocer alguna falla o error. Espero que sea de utilidad:

berihuevas

domingo, 10 de agosto de 2014

2.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

1.- EL DESIERTO DEL PERDÓN


           Al caer la noche, el anciano ha dejado al viajero solo, parado a la orilla del desierto. A su espalda, las luces de Ciudad Cristiana le invitan a regresar. Puedo imaginar que él está pensando en lo agradable que sería una conversación amigable junto con una comida caliente, e irse después a dormir en una confortable cama. De repente la expresión de su rostro cambia y con resolución murmura, “sin duda éste es el camino que debo tomar. Encontraré mi vida sólo si la pierdo, eso es seguro. Pero, ¿Cómo puedo saber con certeza si tomo este sendero hacia el desierto realmente me perderé en Dios, y no solamente me perderé? Puedo recordar mucha gente que tomó un sendero solitario que los llevó, no a la Ciudad de Dios, sino a pensamientos irreales y falsas experiencias, de tal forma que sus mentes y sus vidas fueron destruidas. El peligro de aceptar algo que sea menor a lo que la vida en Ciudad Cristiana tiene que ofrecer, debe ser evaluado contra la posibilidad de perder la vida en el desierto de un engaño espiritual. Estoy seguro que en la obscuridad que se ve más allá, además del sendero que lleva a la Ciudad de Dios, habrá muchas trampas que llevan al infierno, donde puede uno perderse en una inútil soledad. ¿Cómo puedo estar seguro que podré distinguir el verdadero sendero?
Lo que en mi sueño creía que era una estrella que colgaba muy bajo en el horizonte, ahora toma la forma de una cruz que pende directamente sobre el sendero que esta frente al viajero. Al levantar la vista, se fija en ella y su rostro muestra entendimiento. Susurra quedamente, “Perdón.” Y con una profunda reverencia cita: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la porvenir.” ¡Sí, continuaré!, exclama el viajero con gran gozo, dando sus primeros pasos hacia el desierto.
Al despuntar el nuevo día, no ve nada sino cielo azul, arena y un sendero que puede distinguirse de entre los demás, por la cruz que cuelga trémulamente, precisamente donde la senda se encuentra en el horizonte. Al ir avanzando el día, es obvio que el viajero se encuentra cansado, sediento y enfermo por el calor. Justo entonces, cuando parece que ya no puede arrastrar los pies para dar un paso más, aparece un desconocido a su lado.
Detrás de la siguiente colina, encontrarás un manantial”, le dice. “Continúa, ya casi llegaste”, le anima. Pronto se encuentra recostado junto a un manantial tomando y comiendo el alimento que el amable desconocido le provee. “Éste es el Desierto del Perdón”, explica el viajero. “Con frecuencia la gente espera que el perdón de Dios sea como un hermoso parque con fuentes, ríos y pasto verde. No pueden entender por qué tiene que ser un desierto. Sin embargo, es necesario aprender que el perdón de Dios es todo – y quiero decir, ¡Todo! Esto es posible sólo en un desierto, donde el cristiano no puede ver nada, apreciar nada, esperar nada, sino la Cruz de Jesús.” Luego, le cita varios pasajes de Gálatas: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que andan conforme a ésta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios.”
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues sí por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.”
¿Crees que el apóstol Pablo pasó por éste desierto?, pregunta el viajero.
Claro que sí. Por años Pablo trabajo arduamente en Ciudad Religión para llegar a ser un hombre religioso. A pesar de eso, no encontró paz para su espíritu. Fue entonces cuando Pablo se encontró con Jesús y desde entonces, Jesús sólo significó una cosa para Pablo: Perdón. Pablo se quedo anonadado con esto. A partir de entonces, el perdón de la cruz fue el tema de su vida. Pero la primera experiencia de Pablo sobre el Reino de Dios como una realidad en su vida, fue precisamente en éste desierto.”
Así es que yo voy caminando por donde caminaron los apóstoles”, exclama el viajero, su voz se llena de temor reverencial.
¿Recuerdas cuando Jesús le mandó a Pedro que echara su red, y éste la sacó llena de peces? Su respuesta inmediata fue: ¡Apártate de mí, Señor porque soy pecador!” Jesús le contestó, No temas; desde ahora será pescador de hombres.” Implícita en la respuesta de Jesús estaba: “No te preocupes, yo me encargo de tu pecado.” Y cuando trajeron las barcas a tierra y dejaron todo y siguieron a Jesús – le siguieron hasta aquí – el Desierto del Perdón en busca de Su cruz. Después que Jesús había muerto por los pecados de Pedro, resucitado para su justificación y antes de que lo llenase con el Espíritu Santo, le dijo al hombre que lo había negado tres veces: “Simón, hijo de Jonás, ¡me amas?...apacienta mis corderos.” Y con ésta pregunta y mandato, repetido tres veces, la vida de Pedro fue sanada por el perdón de Su Señor.”
Por años”, el viajero comenta, “he estado tratando de ir más allá del perdón teórico, doctrinal, probablemente lo que se enseña en Ciudad Cristiana, a fin de conocer el perdón mismo. He deseado ser inmerso, bautizado, perderme en Él. He ansiado oír a Jesús decirme personalmente: “Ten ánimo, hermano, tus pecados son perdonados.” He deseado que la sangre de la cruz fluya en mi corazón para purificarlo.”
Has venido al lugar correcto. Antes que llegues al otro lado de éste desierto, habrás experimentado el alivio de no llevar la carga, que hasta ahora has llevado contigo. Empezarás a caminar delante de Dios sin avergonzarte. Así como estabas antes obsesionado con la necesidad de edificarte a ti mismo, pronto lo estarás con el perdón de Dios.”
¿Obsesionado con el perdón de Dios?”, pregunta. “Llegarás a estar tan obsesionado con la misericordia de Dios, que serás libre de la opinión de la gente por primera vez en tu vida.”
¡Ja! ¿Yo? ¡No!”, replica inmediatamente.
La mujer que lavó los pies de Jesús con sus lágrimas, estaba obsesionada con Su perdón a tal grado, que no hizo caso de las burlas y las opiniones de los demás. Y el leproso que fue sanado - con gozo cayó a los pies de Jesús, dando gracias por algo más que la limpieza de su cuerpo; había recibido la sanidad interior que trae el perdón. Cuando Zaqueo subió al árbol para ver a Jesús, contempló caminando hacia Él, por el camino, a su propio perdón. Quedó tan obsesionado con el perdón que inundó su vida ese día, que las cadenas de la avaricia fueron quitadas de su corazón. ¡Verdaderamente has venido al lugar donde esto puede sucederte a ti!”
El viajero continúa su viaje, mientras que una misteriosa acompañante camina silenciosamente a su lado por una hora o dos y después desaparece.
¡Qué tremendo gozo siento!”, exclama el viajero en alta voz. “¡Esto debe ser lo que los discípulos sintieron, cuando regresaban a Jerusalén, después de la ascensión de Jesús!”
El viajero distingue, a la luz en forma de cruz, la figura de otra mujer sobre la parte alta de la siguiente duna, que viene bajando la pendiente, despacio hacia él. Parece reconocerla. Por su expresión me imagino que ésta persona le dañó en el pasado. Al irse acercando, sus ojos quedan fijos en el viajero.
¿Me perdonas?”, le pregunta.
El viajero se detiene. La mujer se le acerca aún más y le pregunta por segunda vez, “¿Me perdonas?” Están cara a cara, cuando ella, por tercera vez, le pregunta, “¿Me perdonas?” El acompañante misterioso del viajero se encuentra de nuevo a su lado, dándole instrucciones quietamente. “Éste Desierto del Perdón no sólo es un lugar donde se recibe perdón, sino también donde se perdona a otros. Ésta mujer es sólo la primera de una procesión de gentes de tu pasado, a quien, realmente tú, nunca has perdonado. La paciencia sobrenatural que ha estado inundando tu vida durante todo éste día, está siendo retada por la amargura que has tenido guardada en tu alma durante todos éstos años. ¡Debes escoger! El perdón estéril, superficial y vacío de tu vida pasada, no te permite ni siquiera ser amable con ésta mujer. Pero el perdón de Dios que ha estado fluyendo hasta el punto de llegar a ser una obsesión, podrá fluir ahora de ti, sí tú lo permites.
El viajero extiende su brazo, toma a la mujer de su mano, le ve a los ojos y contesta, “¡Desde luego que te perdono!”
Ella llora. Y en el momento que forma la palabra “Gracias” con su boca, desaparece.
El hombre que en Ciudad Cristiana le dijo al viajero que no fuera un tonto, viene corriendo, jadeante hacia él. Secándose la cara con su pañuelo, el afligido hombre empieza a pedirle perdón.
Desde luego, desde luego”, cordialmente le contesta el viajero. “No es nada. No te preocupes.”
Por favor no tomes esto tan realmente a la ligera. Necesito tú perdón. ¿Realmente me perdonas, desde el fondo de tú corazón?”
¡Pero si ya lo hice!”, contesta el viajero. Su acompañante esclarece la situación un poco. Él necesita tu perdón. No tu cortesía, sino un activo y genuino perdón. Necesita tú amor.
Mi amigo”, el viajero le dice sinceramente en un tono respetuoso, “eres perdonado.”

Con gran alivio, el hombre suspira, “Gracias”, y desaparece en el aire del desierto. Su acompañante le recuerda el versículo de Mateo 18, que dice: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? No te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete.”

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