!Bievenidos!

¡BIENVENIDOS!


Temas para controversia, pero que con una mirada avizora en la fuente de inspiración que es la Biblia, éstos, pueden ser de mucho provecho. Al menos, el intento de poner en balanza, o conceder el beneficio de la duda, en cada tema. La intención es hacer uso de lógica y razón.

Por razón de diseño del blog, no es posible dar el orden querido y debido a los temas. Recomiendo ver en el sig orden: Definiendo. El Viaje. Árbol del Conocimiento.

Tengo activado un Traductor.

Intentaré a menudo estar poniendo al día nuevos agregados a los ya existentes, o nuevos temas, u otros tópicos que pueda considerar de utilidad. ¡Gracias por visitarme! Aviso que filtraré los comentarios, porque no tiene caso publicar tonterías, denostaciones, groserias. Buscaré dar respuesta a los comentarios negativos, sea para aclarar o reconocer alguna falla o error. Espero que sea de utilidad:

berihuevas

domingo, 10 de agosto de 2014

6.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

5.- LA VISIÓN


          Cuando en mi sueño vuelvo a ver al viajero, éste ha empezado a quejarse. “¿Cuánto va a durar esto? Yo hubiera pensado que para ahora ya se habría terminado todo el trabajo y podríamos continuar. Lo siento mucho, pero estoy cansado. Me voy junto aquella peña para descansar un par de días.”
Más tarde, otro viajero pasa junto a la peña y lo encuentra casi muerto. Corriendo al manantial, llena dos frascos, regresa y vacía el precioso líquido en su garganta.
Tómatela, hermano, tómatela.”
¡Gracias, gracias! Por poco y me muero, dice el primer viajero entre sorbos. “Pero, ¿Cómo llegué a tal estado? ¿Qué falló?”
Su misterioso acompañante se le une otra vez. “Hermano”, le dice, “perdiste tú fuerza porque perdiste tú visión. La Ciudad de Dios que yace allá, es tú destino. Es tú hogar, la habitación de nuestro Dios. Mientras estés trabajando, asegúrate de tomar tiempo diariamente, cada hora, para detenerte y mirar a la Ciudad de Dios. Sí dejas de levantar tú vista durante tus labores para ver la Ciudad de Dios, dejas de tomar tiempo para escuchar Su música, dejas de respirar la atmósfera que esparce, o de beber del manantial que fluye por debajo de sus puertas, quedarás exhausto. Debes recordar que el poder que te sostiene, emana de la Ciudad.”
El viajero reanuda su trabajo en La Siega, con nuevo vigor. Pero al caer la tarde, vencido por el cansancio, se dirige al manantial. Una mujer que se ve bastante vieja se va acercando; sin embargo, no parece estar cansada en lo más mínimo.
¿Cuál es tú secreto?, le pregunta el viajero. “Te ves tan joven y vigorosa, mientras que a mí ya no me quedan fuerzas.”
Yo he aprendido de Daniel”, le contesta. “Daniel debe haber sido un hombre sumamente ocupado; sin embargo, en medio de las presiones diarias que lo apremiaban, él continuó regresando a su cámara cuyas ventanas daban hacia el oeste. Allí, viendo hacia Jerusalén, a cientos de kilómetros de distancia, él oraba y daba gracias a Dios. Y aunque significara el foso de los leones, Daniel rehusó dejar de elevar sus oraciones. Él mantuvo su visión viva, enfocado siempre en la Ciudad de Dios. Y eso, es lo que yo hago. Entre más tengo que luchar con problemas aquí en La Siega, entre el tiempo más me presiona, más firmemente fijo mis ojos en la Ciudad de Dios. Me aseguro de estar levantando la vista con frecuencia. Cada vez que como pan y tomo vino, lo hago con anticipación así como en recuerdo. Sabes, ese es el alimento en la Ciudad. Eso mantiene mis ojos y mi corazón allí.”
Cuando el viajero se alejó de la vieja mujer, parecía estar conscientemente tratando de mantener delante de él la visión. En voz baja estaba cantando las palabras de Apocalipsis, que dice: “Y vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: ¡He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como Su Dios! ¡Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron!”

Cuando veo al viajero por última vez, su acompañante misteriosa había regresado para darle una advertencia final: Mantente viendo a la ciudad y recuerda Quién te espera allí. Él ha preparado un lugar para ti y pronto regresará por ti. Mientras tanto, mira a la Ciudad. El renovará tus fuerzas para que levantes alas como de águilas, corras y no te canses, camines y no te fatigues.”

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