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Temas para controversia, pero que con una mirada avizora en la fuente de inspiración que es la Biblia, éstos, pueden ser de mucho provecho. Al menos, el intento de poner en balanza, o conceder el beneficio de la duda, en cada tema. La intención es hacer uso de lógica y razón.

Por razón de diseño del blog, no es posible dar el orden querido y debido a los temas. Recomiendo ver en el sig orden: Definiendo. El Viaje. Árbol del Conocimiento.

Tengo activado un Traductor.

Intentaré a menudo estar poniendo al día nuevos agregados a los ya existentes, o nuevos temas, u otros tópicos que pueda considerar de utilidad. ¡Gracias por visitarme! Aviso que filtraré los comentarios, porque no tiene caso publicar tonterías, denostaciones, groserias. Buscaré dar respuesta a los comentarios negativos, sea para aclarar o reconocer alguna falla o error. Espero que sea de utilidad:

berihuevas

domingo, 10 de agosto de 2014

3.- HUYENDO DEL CRISTIANISMO (MÁS NO DE LA CRISTIANDAD).

2.- EL DESIERTO DE LA ADORACIÓN


          “¡Agua!” “¿Quién hubiera pensado que en medio del desierto habría un mar?” El viajero está diciéndose esto, cuando lo veo nuevamente en mi sueño. De lo alto de una inmensa duna, mira hacia abajo a la expansión azul que se extiende hasta el horizonte. “Pero no, no es agua”, recuerda. “El anciano señaló esto al principio del segundo desierto.” Al ir descendiendo hacia la parte baja de la colina, el extraño mar de arena no parece tan plano como se veía desde arriba. Hay ondas azules que se extienden a la distancia como si fueran un océano congelado. “¡Quizá haya una relación entre ésto y “el mar de cristal delante del trono de Dios!” Quizá las ondas se nivelarán conforme me aproxime a la Ciudad de Dios.”
De repente, una persona de hermosura no terrestre se encuentra parada cerca del viajero. “Saludos”, la criatura le dice. “Éste tramo es bastante largo. Muchos han perecido al tratar de cruzarlo a pie. Yo te ofrezco una mejor forma.”
Si, yo tengo el poder para cruzar éste desierto en medio segundo. Y sí tú me permites, te puedo llevar conmigo. Te puedo llevar sano y salvo al otro lado inmediatamente.”
¿Y qué debo hacer?”
Todo lo que yo requiero es un acto nominal. Si sencillamente te arrodillas y me rindes honor, te llevaré al otro lado de éste desierto con la rapidez de la luz…”
Pero, “¿eso sería adorarte?, ¿no?”
¿Por qué te parece eso extraño? La gente lo hace todos los días. Tú mismo lo hacías antes de que vinieras a éste desierto. Los habitantes de Ciudad Cristiana me adoran con frecuencia. Algunos adoran el dinero – le sirven como esclavos. Nada más de pensar en él, sus ojos se iluminan. Pero el amor al dinero es sólo un símbolo de mi realidad.”
¿Y qué tal el romance? ¿Qué podrá ser más hermoso e inocente que estar enamorado? Pero cuando el estar enamorado viene a ser la meta y domina completamente la mente, se torna en idolatría. Y yo soy, nada menos, el que está detrás de ese ídolo, dice triunfalmente. Pero la adoración que personalmente me satisface más, es la que recibo de hombres y mujeres que están persiguiendo el éxito religioso.
¡Basta!”, el viajero pone un alto a su jactancia. “Sí para obtener un viaje rápido al otro lado del desierto tengo que adorarte, con mucho gusto caminaré, aunque me tome toda la eternidad.”
Al oír esto, la criatura encantadora desaparece derrotada.
Pronto escucho al viajero hablando consigo mismo, otra vez. “Es posible que en Ciudad Cristiana se pueda hacer como que se tiene fe en Dios, mientras que la adoración de uno, lo que tiene la mente obsesionada día y noche, es realmente idolatría. Ahora que he salido de allí, podré sobrevivir solamente sí me pierdo en la adoración de Dios. Él ha dicho: “He aquí yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en la soledad. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido, este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará.”
¿Será qué tal adoración sólo puede darse en éste desierto, con su sequedad y calor martillante, con su luz que insensibiliza y su misterioso silencio?”
Estas reflexiones son interrumpidas por un repentino crescendo de una música indescriptible, un cantar de belleza no terrenal. Las voces parecen estar por doquier. De la parte alta de una onda azul, el viajero observa a siete personas que están paradas en una hondonada, con sus manos levantadas hacia el cielo, entonando alabanzas a Dios. En medio de ésta música, su acompañante regresa. Lleno de gozo, el viajero le dice: “¿Te das cuenta como los siete adoradores realmente están rodeados por una multitud de seres magníficos, cuyas voces se mezclan con las suyas? Yo siento que aunque todavía estoy aquí en el desierto, en alguna forma, ya he llegado a las afueras de la Ciudad de Dios.”
Os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel…así que recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor.”
Después de un tiempo, el canto cesa. Todo se queda en quietud. No se ve a nadie sino a los siete adoradores, quienes ofrecen al viajero la paz de Dios. Desfilan sobre una duna, dejándolo solo con su acompañante, quien lo lleva a un arroyo saltador y le provee alimento.
¡Así qué éste es el Desierto de la Adoración!”, exclama el viajero, todavía sorprendido por su experiencia.
Si. Aquí los cristianos aprenden a adorar a Dios Padre en espíritu y verdad. Podrás llamarlo el pórtico de afuera de la Ciudad de Dios; pues como tú has visto, los habitantes de esa Ciudad, están alrededor tuyo. Allá en el Desierto del Perdón empezaste a experimentar el poder de la sangre de Jesús limpiando lo más íntimo de tu corazón. Aquí en el Desierto de la Adoración recibes el Espíritu Santo. Dios te bautiza con poder de lo alto para que le adores a Él, con una adoración, que en el desierto que sigue, tomará la forma de obras. Joel capítulo 2 nos dice: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.”
Nunca había experimentado una adoración como ésta. Pero, ¿Perdurará?, pregunta el viajero. ¿Podré continuar alabando con la misma gracia al Dios viviente, en el desierto que me falta por cruzar?”
En ti se están dando cambios que, sí tú lo permites, permanecerán para siempre. Tú corazón está siendo abierto por el derramamiento del Espíritu Santo. Tú boca está siendo abierta para que hables lo que Dios te de – “Tus hijos y tus hijas profetizarán.” Y tus ojos están siendo abiertos para que veas visiones y sueñes sueños. Estás recibiendo ojos que puedan ver a Dios.”
Pero, ¿Qué todo esto no sucede también en Ciudad Cristiana? Me han platicado que éste tipo de cosas suceden todos los domingos en la reunión de la Iglesia Apostólica del Futuro.”
La diferencia, hermano, está en que aquí no solamente pruebas la adoración o te salpicas con la adoración. Aquí en el desierto, te pierdes en la adoración de Dios de tal forma, que toda tu alabanza y gratitud es sólo para Él. Todo lo que haces es hecho para Él.”
Pero, ¿Qué no habrá peligro de volverse uno fanático?”
Los fanáticos adoran principios, ideas, personalidades humanas, aún demonios, pero nunca a Dios. La adoración a Dios, que consume al individuo, es la puerta, no al fanatismo, sino a una libertad tal como nunca la has conocido. Cuando te pierdas en la adoración a Dios, ya no adorarás tales cosas como el dinero, el romance, o el éxito. Habrás encontrado el verdadero objeto de la adoración; conforme le adores a Él, te sentirás realizado.”

Al decir éstas palabras, su acompañante se retira. Una vez más, el viajero se encuentra solo, sobre un mar azul de arena, perdido en la adoración de Dios.  

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